granjas verticales

Está claro que cada día somos más y encima nos hacinamos de manera peligrosa en torno a grandes megapolis. Qué le vamos a hacer, somos así de gregarios. Y esta contumaz práctica nos pone en un brete en más de una ocasión, porque somos tan invasivos y ocupamos tanto espacio, simplemente para vivir, que resulta imposible alimentarnos.

Y como en caso de necesidad hay que agudizar el ingenio, no nos queda mas remedio que mirar hacia arriba e intentar colonizar el cielo. Pero no se me vayan a la estratosfera, que hoy no hablamos de astronautas sino de rascacielos.

De rascacielos verdes o, si lo prefieren, de granjas flotantes verticales, que así es su denominación técnica. En síntesis, se trata de grandes plataformas que se van superponiendo unas sobre otras y cuya superficie se destina al cultivo de diferentes tipos de vegetales.

La ventaja resulta obvia. Los campos agrícolas ocupan una gran cantidad de terreno. Miles de hectáreas a lo ancho que inutiliza la tierra para otros destinos. Si invertimos el sentido de la lógica y los plantamos en vertical, la resultante es una solución eficaz e imaginativa para paliar el problema del abastecimiento de alimentos para las grandes ciudades.

Y si además anclamos estas granjas en las bahías, pues todavía mejor; mas espacio tendremos para especular con los terrenos.

Producir alimentos naturales, contribuir a frenar la contaminación y aprovechar el único espacio libre en las megapolis (el cielo) es una propuesta sostenible y ecológica que propone la empresa catalana JAPA para uno de los países con mayor densidad de población en su territorio: Singapur.

La “agricultura flotante flexible” permite la máxima utilización de la luz solar ya que se superponen las plataformas en forma de bucle. Los edificios cuentan con una red de sensores que transmitirá información puntual del estado de los cultivos. Su diseño permite una producción variada de alimentos como la lechuga, el brócoli o la espinaca, por ejemplo.

Los diseñadores, asimismo, han previsto un sistema de control que combine información de los mercados —lo que la población demanda— con la capacidad de producción de las granjas para ajustar automáticamente la oferta y la demanda.

Si es que… lo que no se le ocurra al ser humano

Enrique Leite

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