soñar despierto

¿Soñar despierto? ¿Vivir soñando? Más allá de las evocaciones poéticas, la fina barrera que separa los estados de vigilia con los de sueño hace que vivamos situaciones paradójicas que en ocasiones se tornan aterradoras.

Seguro que conocen —en primera o tercera persona— experiencias tan crueles como tener la sensación de habernos despertado pero encontrarnos que nuestro cuerpo no responde a ningún estímulo. Somos capaces de pensar, de ver, de sentir… pero no podemos mover ni un músculo, excepto los de los ojos, notar nuestra respiración y, si afinan mucho, el latir del corazón.

¡Estamos paralizados en nuestra cama! Y por más órdenes que mandemos a nuestro cerebro, este no responde. Ni tan siquiera podemos gritar o emitir algún sonido en forma de SOS al exterior. Estamos solos y nadie nos puede ayudar. Puede ocurrir en el momento de comenzar a dormir o en el de despertarse. Su duración suele ser corta, generalmente entre uno y tres minutos, tras los cuales la parálisis cede espontáneamente.

Pues no se me agobie que no le pasa nada, no precisa de atención médica —está perfectamente sano— y, por supuesto, tampoco es un extraterrestre o está poseído por un ser infernal. Este tipo de fenómenos o alucinaciones, además de ser frecuentes —una de cada cinco personas ha sufrido este tipo de episodios a lo largo de su vida— es una patología por la que nadie se muere. Piense, si le ocurre, que ni la respiración ni los latidos del corazón se paralizan.

En mayor o menor medida, todos vivimos periodos de transición entre los dos estados. En ocasiones, durante esta transición, padecemos lo anteriormente descrito: alucinaciones hipnagógicas. Y se producen durante las fases del sueño. En concreto, en las fases 1 y 2 del sueño profundo no REM.

Es decir, técnicamente está dormido, y a pesar de que tenga sensaciones de lo más reales —escuchar y ver—, no lo son, forman parte de lo onírico. Así que, lejos de buscar explicaciones paranormales o estresarse, lo que tiene que hacer es tranquilizarse y esperar pacientemente, que en unos minutos —nunca más allá de un cuarto de hora— finalizará la transición y podrá moverse con la agilidad acostumbrada.

Así que nada de miedos a la hora de coger el sueño, que en todos los casos es necesario y reparador.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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