lagarto

El hombre trajo consigo la guerra y con ella la destrucción. La propia y la ajena. Gracias a las ambiciones de unos pocos, los seres humanos nos hemos embarcado en operaciones nada dignas que han dejado tras de sí un rastro nada edificante: millones de heridos, mutilados, fruto de esas actividades de conquista o dominación.

Y tras los guerreros siempre han marchado los sanitarios, los encargados de poner paños calientes a las secuelas o daños colaterales. Y tras ellos, los científicos en búsqueda de remedios eficaces para tan colosales desastres —preferimos no hablar en estas líneas de los que se pusieron como aliados para desarrollar nuevas armas o ingenios de destrucción—-.

Y en ese camino, muchas veces se dan de bruces con la naturaleza que nos marca el camino. A traumatólogos y cirujanos siempre les ha fascinado esa capacidad de regeneración de miembros amputados que tienen los lagartos. Debiera de ser la solución lógica para todas las especies cuando se ven desprovistas de un miembro, pero esa facultad solo la poseen ellos: son capaces de crear una nueva cola y con todas sus funciones intactas.

Una complicada receta en el terreno de regeneración de huesos, cartílagos y tejidos que, quizás, se pueda descifrar gracias a la genética. Y lógicamente, entenderla pasa por conocer el mapa de los genes de los lagartos. Algo en lo que llevan trabajando numerosos grupos desde hace tiempo pero que parece acaban de hallar uno radicado en Arizona.

El descubrimiento se ha publicado en PLoS ONE,  y supone un gran avance en la senda que nos faculte para crear distintos tejidos del cuerpo humano, incluida, según dicen sus autores, la médula espinal. Y esto es así porque compartimos con ellos una buena parte de nuestro mapa genético.

Pero volvamos al hallazgo. Este grupo ha localizado al menos 326 genes en diferentes puntos que son los responsables de este prodigio. Un proceso que dura en torno a los dos meses y donde son capaces de crear una compleja estructura celular que crece y forma tejidos en diferentes lugares de la cola.

Ahora solo se trata de comprobar si poseemos estos genes o, mejor dicho, cómo activarlos o incluirlos en nuestro organismo para que también nosotros podamos hacer crecer tejidos sanos en lugar de tejidos dañados o en zonas donde han desaparecido.

Si las pruebas que se hagan en el laboratorio funcionan, podemos afirmar que estamos a punto de que enfermedades como la artrosis o lesiones medulares formen parte de la pesadilla del pasado.

Anuncios