fresa

Alguna vez había leído o escuchado que el yogur o la leche resultan un remedio eficaz y previo para no dañar nuestro estomago de los rigores del consumo de alcohol en exceso. Y no hablamos de la conocida resaca, sino de los otros daños colaterales, como los dolores de estomago. La verdad es que, sin quererle quitar importancia al asunto, nunca hice caso a este tipo de recomendaciones y, como soy como soy, he preferido decantarme por soluciones más radicales; es decir, beber con moderación.

Aun así, reconozco que dependiendo de lo que beba —del tipo de bebida, no de la cantidad, que les veo venir—, hay veces que no puedo escaparme de padecer lo que en Madrid llamamos “ardor de estomago”. Sobre todo si de lo que se trata es de vino malo. Y mira por dónde, me topo con la siguiente noticia: “Las fresas tienen un efecto protector frente a los estragos del alcohol”.

La investigación realizada probó que la mucosa gástrica de los roedores sometidos al experimento sufría menos lesiones en aquellos que días antes, concretamente diez, habían comido extracto de fresa. O dicho de manera algo más técnica, su contenido de fenoles y su actividad antioxidante reduce los daños.

Un interesante hallazgo que puede ser de utilidad para atenuar la formación de úlceras estomacales en nuestra especie. Un problema de salud que no solo es provocado por la ingesta de alcohol; también podemos padecerlas por una infección bacteriana o, sobre todo, como efecto secundario de la toma de antiinflamatorios.

Así que bebedores y no bebedores, en lugar de acudir a las conocidas bombas de protones, la solución es sencilla. Incorporemos las fresas de manera obligatoria a nuestra dieta.

La verdad es que cada jornada que pasa, el número de argumentos a favor de la fruta aumenta. Además de tener un agradable sabor, casi todo son ventajas. Digo yo que por algo nuestros antepasados se decantaron por ella.

Beatriz Baselga, veterinaria

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