baño de sol

Para muchos ya ha terminado el veraneo o las vacaciones estivales —otros ni siquiera hemos podido disfrutar de ellas aún—. Así que es el momento de hacer balance y ver si hemos cumplido con los deberes: hemos cuidado nuestra alimentación, hemos practicado la dosis adecuada de ejercicio, hemos cuidado nuestra piel frente a la maléfica radiación solar, no hemos provocado ningún incendio por imprudencia, no hemos abandonado a mascotas o abuelos en gasolineras…en fin cosas del verano¡

Seguro que muchos de ustedes se otorgan un aprobado alto o incluso un notable o matrícula de honor por lo bien que se han portado. ¿Seguro? Desde mi vocación de aguafiestas profesional, ya les auguro que no y que han incumplido una de las reglas básicas: mantener el equilibrio medioambiental.

Porque las reacciones se producen en cascada o si lo prefieren, cualquier acción humana tiene un efecto dominó. Nuestros actos tienen consecuencias. Por ejemplo, centrándonos, en el cuidado de la piel, la mayoría acudimos a la cosmética para protegernos de la radiación ultravioleta.

Pues sepa que parte de esas lociones o cremas acaban liberándose al mar y como al contacto con el sol provocan un oxidante, el peróxido de hidrógeno, hemos contaminado unas aguas que resultan vitales para las microalgas marinas.

Un reciente estudio determina que, en una proyección conservadora, los efectos de los bañistas en una playa se traducen en el vertido de 4 kg de nanopartículas de dióxido de titanio procedentes de los protectores.

A medio plazo, esa cantidad de contaminantes pueden alterar el ecosistema del mar: si no crecen las microalgas, numerosas especies que se nutren de ellas están condenadas a la desaparición y, sobre todo, esa fotosíntesis que realizan y que es la base de todo el oxigeno que consumimos en el planeta está amenazada.

Así que, señores de la industria, apúntense como deberes para la próxima campaña estival el desarrollo de productos naturales que no acaben contaminando. Señores del Gobierno, estimulen a la industria para que avancen —investiguen— en la dirección correcta.

Y usted, estimado consumidor o ciudadano, a leerse la letra pequeña de los envases de sus cremas solares y después procure  hacer una compra responsable.

 Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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