monday

Ciertamente, a los lunes habría que quitarlos del calendario. Si hiciéramos una encuesta rápida, los resultados serian concluyentes: odiamos los lunes. Y no solo porque representan el punto cero donde nos incorporamos a la rutina laboral. También porque es el día de la semana que más cansados estamos.

En teoría no debiera de ser así, ya que la incorporación a la rutina se produce tras dos días de reparador descanso. ¿Entonces? El asunto tiene una explicación sencilla y tiene que ver con los hábitos de vida que adoptamos a lo largo del fin de semana.

Normalmente, quien más quien menos aprovecha esos días para incrementar su vida social, para dormir algo más — que el puñetero despertador deje de molestar— y para hacer algo de ejercicio. Pues bien, todas ellas son actividades que acaban por romper nuestro ciclo circadiano. Esa curva que determina cuándo debemos estar en fase on y cuándo en fase off y que resulta vital para el buen funcionamiento de nuestras células y neuronas.

Es decir, nuestro reloj interno se desajusta bien porque trasnochamos, bien porque nos quedamos pegados a la almohada y ese desequilibrio provoca que el maldito lunes nuestro cuerpo sea una brújula perdida que acuse ese cansancio y se traduzca en ese mal humor tan característico del primer día de la semana.

En el fondo, somos animales de costumbres y todo lo que suponga un cambio tiene su traducción en el funcionamiento de nuestro organismo. Ergo, si descansar los fines de semana resulta ser malo para el ciclo cardiano solo se me ocurren dos posibilidades: o hacemos que el ritmo de viernes, sábado y domingo sea el habitual o todo lo contrario, seguimos con las rutinas que tanto nos apasionan en los días laborales.

Bueno, todas no, que también pudiéramos seguir los consejos de la naturaleza; vamos, los que siguen la mayoría de los animales, que destinan poco tiempo de su vida a la actividad productiva —en este caso, procurarse alimento y saciar la necesidad de conservar la especie— y la mayoría al dolce far niente.

Aunque no se por qué me da la sensación de que este modelo de funcionamiento animal no va a ser del agrado de nuestros prohombres de la economía y del aumento de la productividad a toda costa.

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica y miembro de la RANF

 

Anuncios