pollo sin cabeza

Cuando era chico había una serie de imágenes—la mayoría de nosotros no las vimos jamás pero las imaginábamos de manera muy real— que nos hacían temblar de miedo. Una especialmente: la de un pollo sin cabeza que nos perseguía por las calles.

Un fenómeno aterrador, porque nada más contra natura que un ser vivo privado de su órgano más importante —el cerebro— y que siguiera manteniéndose no solo con vida, sino capaz de realizar movimientos.

Luego, algún profe bienintencionado, pero con pocas luces, nos comentaba que se trataba de algo relativamente normal y que esos pasos balbuceantes que daba el animal decapitado correspondían a las ultimas ordenes ejecutadas por su cerebro antes de separarse del resto del cuerpo.

Esa explicación nos contentó durante un tiempo, hasta que cayó en manos de uno de mis colegas de pandilla un viejo ejemplar del Reader Digest donde se comentaban las hazañas de Mike, un pollo que sobrevivió durante un año privado de su cabeza. Una autentica atracción de feria que hizo que perdiéramos la fe en el profe y volviéramos a aterrarnos con la posibilidad de toparnos tras cualquier esquina con pollos demediados.

Lo sobrenatural había ganado a la Ciencia.

Afortunadamente, los chavales son curiosos por naturaleza y absolutamente inconstantes, y a esta abracadabrante imagen le fueron sucediendo otras según crecíamos —que en muchas ocasiones tenían forma y cuerpo de mujer—.

El caso es que hasta bien entrada la Educación Secundaria y por casualidad, no volví a toparme con el problema sin solución de los decapitados con vida. A raíz de leer la leyenda de Sleepy Hollow, el jinete sin cabeza, comencé a indagar en este raro fenómeno y fue cuando descubrí que el asunto tiene que ver con el lugar donde se realiza el corte —de la cabeza, se entiende—.

En el caso de los pollos, si el tajo se realiza de tal modo que se deje intacto el cerebelo y el bulbo raquídeo, los dos órganos que controlan las funciones que le permiten conservar la vida —respirar y bombear sangre desde el corazón—, el animal continuara vivo. Tan solo es necesario que tras el corte se provoque un rápido coagulo que evite que se desangre para que su presencia en la Tierra se prolongue durante años.

De no ser así, lo que ocurre de manera habitual es que el pobre animal morirá desangrado tras dar algunos pasos.

Enrique Leite

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