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Es una espada de Damocles que nos amenaza continuamente. El azar puede poner en nuestro camino una gran piedra que acabe destruyendo el planeta. Es cuestión de que las órbitas de ambos cuerpos coincidan y acaben inevitablemente colisionando.

Y esto puede ocurrir ya, en apenas ocho siglos, en 2880. Los cálculos que han realizado investigadores en la Universidad de Tennessee no ofrecen dudas: una enorme masa de roca de casi un kilómetro de diámetro avanza hacia la Tierra y, de no variar su rumbo, allá por la primavera de 2880 impactará en un punto del Atlántico.

La fuerza del choque será de tal magnitud que provocara la destrucción total. El impacto superaría en 2,5 millones de veces la fuerza provocada por la explosión de la bomba atómica en Hiroshima. Viaja a unos 15 km por segundo o, si lo prefieren, a 54.000 kilómetros por hora.

No es la primera vez que se detecta un cuerpo extraño rondando nuestro planeta, pero lo preocupante de este meteorito, llamado 1950D, es que no da muestras de estar desintegrándose. El que estos meteoritos se desintegren resulta algo muy frecuente. Se desplazan dando vueltas sobre sí mismos, hecho que provoca esta autodestrucción. En otras ocasiones, antes de llegar a la Tierra, pueden chocar con otros y variar su rumbo.

Pero como comentamos, estas posibilidades no se barajan para 1950D. Su alta velocidad de rotación, da una vuelta sobre si mismo cada dos horas y poco, son suficientes, en opinión de los científicos, para que hubiera comenzado a fragmentarse, pero se mantiene intacto.

Aunque la noticia es preocupante y tiene visos de parecerse a cualquier guion de película de acción, el equipo de investigadores piensa que, detectada su maléfica carga, existe tiempo suficiente para que la Ciencia avance y en los ocho siglos que quedan para el impacto se dé con la solución que logre desviar la actual órbita del meteorito o bien se consiga su autodestrucción antes de que se acercar a la atmósfera terrestre.

Eso, o que hayamos podido para entonces colonizar otros planetas. En ese caso, comenzaría la gran diáspora. En cualquier caso, y para los precavidos y ordenados, marque con una gran cruz roja esta fecha: 16 de marzo de 2880. El último día de la Tierra.

 

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