gestos

Si algo hace atractivos a los italianos, o si lo prefieren, si algo les otorga una personalidad especial, es la capacidad que tienen de gesticular al hablar. Las emociones o los sensaciones que transmitimos con el rostro cuando hablamos cobran una entidad especial cuando acompañamos nuestro discurso con movimientos de manos.

Eso lo saben bien quienes se dedican al estudio del lenguaje corporal o quienes asesoran a los políticos, que afirman que esos gestos se traducen en un metalenguaje que refuerza las conversaciones (transmiten mayor firmeza o seguridad). De ahí las largas sesiones de entrenamiento a los que se les somete para que ese elemento complementario se incorpore en su discurso.

Ahora bien, ¿esa gestualidad es algo aprendido o innato y, de ser así, es genético? Pues algo más que aprendido debe de ser, porque si se fijan, en mayor o menor medida todos los humanos lo practicamos, con independencia de nuestra cultura —los gestos son comunes aunque en función de los factores culturales los significados pueden variar— y, curiosamente, las personas ciegas de nacimiento también gesticulan.

Esta circunstancia es objeto de parte de la investigación genética: encontrar la ruta cerebral de la gesticulación y su componente genético. Tanto, que la prestigiosa Nature se hace eco de los estudios que se publican al respecto. Uno de ellos asegura que los gestos son elementos inherentes al proceso del lenguaje, facilitan la comunicación y los niños los realizan incluso antes de aprender a hablar. Es decir, que existe un componente genético.

Hecho que está avalado en que se trata de un comportamiento común a otras especies. Existen grupos de biólogos que han determinado que los peces utilizan sus aletas pectorales para transmitir información a sus congéneres. Y esto parece ser que es así porque, en el cerebro, la evolución del control de la voz —para nosotros el habla y para los animales los sonidos que emiten— y del movimiento de las manos —cuando hablamos— se produce en la misma zona, en la posterior.

Y un último dato, la gesticulación forma parte de un ritual donde el componente sonoro también juega su papel clave. Como elemento complementario de lenguaje, precisamos escuchar —en este caso la voz— para que estos movimientos involuntarios se acentúen.

Enrique Leite

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