contra corriente

En numerosas ocasiones, hemos comentado que los humanos fuimos diseñados para orientar nuestra actividad con los ciclos de luz y que somos animales diurnos, por más que algunos se empeñen en disfrutar de la noche con sus correrías.

Existen numerosos estudios que así lo atestiguan y por lo prolijo del tema los obviaremos. Aun así, cuando nos vemos obligados a alterar este ciclo normal de vigilia durante el día y sueño al caer la noche, solemos acudir a los fármacos para regular nuestro estado.

Durante un tiempo, sobre todo para los afectados por el conocido jet lag, se puso de moda ingerir melatonina y no hace falta subrayar que ante el insomnio, las farmacéuticas nos bombardean con spots recomendándonos, con receta o sin receta, píldoras relajantes para dormir.

Como decimos, para casos ocasionales parece que funcionan, pero no esta tan clara su eficacia para aquellos que por mor de su trabajo se ven obligados a cambiar los ciclos circadianos. Los pocos realizados sugieren que sus efectos tan solo se notan a corto plazo y que podrían ser perjudiciales a largo.

Según una información de la agencia SINC, los resultados testados con diferentes sustancias indican que la melatonina ayuda a dormir un poco más —una media hora— a trabajadores con el turno de noche pero no les ayudan a conciliar el sueño.

Por lo que respecta a los estimulantes, como la cafeína, el modafinilo o el armodafinilo, remedios o medicamentos utilizados para evitar los ataques de sueño durante el turno de noche, tampoco resultan de lo más eficaz. La primera porque funciona de manera parcial y los otros dos porque tienen efectos secundarios en forma de jaquecas, náuseas y un aumento de la presión arterial en un número significativo de personas.

Los investigadores que han realizado esta compilación se muestran pesimistas y auguran que pasarán muchos años hasta que se desarrolle una píldora que resulte eficaz y nos haga caer como troncos cuando lleguemos a casa o, por el contrario, nos mantengan en alerta cuando precisemos de los cinco sentidos en el trabajo.

Y con este panorama, además de la consideración de servicio publico a la comunidad, los empleadores y políticos debieran tener en cuenta esta circunstancia de manera real para acompasar los salarios y otro tipo de beneficios a las dificultades inherentes —léase problemas de salud futura— para aquellos —como los sanitarios, bomberos o policías— que se ven obligados a ir contra corriente.

Que no todo ha de ser vocación.

Eduardo Costas y Enrique Leite

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