peces que caminan

A veces, solo algunas veces, a los investigadores científicos se les ocurre la idea de imitar los caminos de la evolución. No se trata de un ejercicio de soberbia, tan solo es una cuestión de reconstruir un complejo puzle que nos permita conocer de manera más certera los cambios que se produjeron en las diferentes especies para adaptarse a nuevas condiciones ambientales.

En este sentido, una de las cuestiones evolutivas que más nos intrigan es ese pequeño paso que culminó en la salida del agua de los peces. El salto en la evolución fue de los más significativos de los que se han producido a lo largo de nuestra Historia y dio lugar a anfibios, reptiles, mamíferos y aves. Ahí es nada. Ocurrió hace más o menos 400 millones de años y, para ello, tuvo que existir un curioso fenómeno de adaptación: utilizar cuerpo y aletas para moverse con cierta libertad por tierra firme.

El experimento, del que se hace eco Nature, consistió en tomar un número de ejemplares de bichir de Senegal (Polypterus senegalus), un pez, y forzarlos a vivir durante ocho meses en condiciones similares a las que tuvieron sus antepasados.

A lo largo del tiempo de observación, el equipo de investigación pudo comprobar cómo estos ejemplares comenzaron a manifestar cambios anatómicos y en su conducta. Por una parte, aprendieron a caminar con eficacia —colocaban las aletas más cerca del cuerpo— y  mantenían la cabeza más erguida. Gracias a ello, caminaban más deprisa.

Esta manera de comportarse se trasmitió a las siguientes generaciones, que comenzaron, por aquello de la selección natural, a contar con un esqueleto pectoral más alargado y se les fue alargando el cuello.

La recreación en el laboratorio ofrece pruebas de cómo la evolución permitió a sus antepasados sobrevivir a determinadas condiciones y cómo surgieron estas nuevas especies. La necesidad y la increíble capacidad de adaptación fueron el motor del cambio. En este caso, un cambio que contribuyó a aumentar la biodiversidad y gracias al cual, nosotros, los humanos, somos una realidad.

Curiosamente, comparando los cambios en la anatomía de estos animales con los registros fósiles existentes, permiten formular esta teoría que difícilmente puede rebatirse… por el momento. Que en Ciencia ya sabemos que puede ocurrir cualquier cosa que revolucione lo que hoy consideramos como verdad absoluta.

Eduardo Costas y Enrique Leite

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