sexo que mata-moscas

Foto de kconnors

El sexo mata. Tal cual, como lo están leyendo. Y estas líneas no van de la mantis religiosa ni de los animales que acaban con sus congéneres/partenaires cuando termina la cópula. Tampoco de enfermedades de transmisión sexual y ni siquiera de esas obsesiones —innatas o fruto del machismo— que se convierten en problemas psiquiátricos que acaban en tragedia. Este artículo va de las oportunidades que surgen para los depredadores cuando es el momento del apareamiento.

Partimos de la base que todos los rituales de apareamiento suelen resultar vistosos, en ocasiones atractivos y, en otras, repletos de sonidos característicos. Es decir, que no suelen pasar desapercibidos. Por otra, de sobra es conocido que cuando llega el momento del celo, los machos pasan a ser animales de pensamiento único —alguna seguro que se extraña de esta afirmación y añadiría que cuándo tienen ellos más de un solo pensamiento— y se descuidan.

Tanta atención dedican a la preservación de la especie que desatienden sus otras ocupaciones —como el comer— y bajan la guardia ante el acecho de sus depredadores. Tal es así, que algún estudio prueba que la rapidez con que ejecutan la cópula algunos animales se debe precisamente a eso, para evitar estar expuesto más tiempo del necesario a las dentelladas de los demás.

Pues ambos elementos —bajar la guardia y rituales llamativos— resultan letales para las moscas. El sonido que emiten con sus alas cuando copulan es el timbre que señala a los murciélagos que el banquete está preparado para degustarlo.

Los hábitos nocturnos de las moscas no contemplan el vuelo. Cuando no duermen, caminan y en los periodos de celo, copulan. Aparentemente, estas dos actividades les debieran mantener a salvo de los murciélagos, cuyo sistema de detección no les permite descubrirlas si no fuera porque cuando intentan reproducirse, los machos aletean sus alas.

Este batir es su perdición, ya que sí es captado por los voraces mamíferos, que no dudan en atacarlas y comérselas. El ensayo probó que una de cada cuatro parejas de moscas sufría el acoso de estos depredadores en sus intentos de apareamiento.

Afortunadamente para ellas como especie, son muchas y se reproducen de manera rápida y eficaz, así que como especie no están amenazadas. Y como especímenes, poco consuelo y a vivir con el estigma de que “el sexo, si eres mosca, aunque placentero, mata”.

A. Luengo

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