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“Si los hombres parieran…,”Eres una quejica” o “Ellas resisten más que ellos”. Son  caras de la misma moneda. Estereotipos en torno a las diferencias de género que nos posicionan como las más duras o las más blandas, según soplen los vientos de la cultura dominante en ese momento.

Y de hecho, se han apoyado en diversos estudios médicos realizados en torno al umbral de dolor y la tolerancia a este de hombres y mujeres. Sin dudar de sus resultados, uno nuevo realizado en España refleja que prácticamente no existen diferencias entre géneros a la hora de enfrentarse al dolor crónico.

Según los investigadores, afrontar un dolor crónico no depende de nuestra fisiología, sino de nuestra capacidad de aceptar ese dolor. En términos médicos, esta capacidad se denomina resiliencia. Y parece que la superación de ese dolor depende fundamentalmente de que aceptemos que una enfermedad crónica conlleva ese daño colateral.

Si incorporamos al diagnóstico la aceptación de que junto a la enfermedad un cierto sufrimiento será nuestro compañero vital, seremos capaces de restar atención a esa parte molesta de la enfermedad —el hecho ineludible de que duele— y colocar el acento en lograr una calidad de vida digna. Afortunadamente la farmacología acude en nuestra ayuda y hoy en día consideramos que una vida digna es una vida sin dolor. “Los pacientes que lo aceptan manifiestan percibir una menor intensidad de dolor, tienen un mayor nivel de actividad diaria y un mejor estado de ánimo”, declara al portal de divulgación científica Sinc la autora principal del estudio, Carmen Ramírez-Maestre.

Asimismo, en el experimento que se publica en el Journal of Pain se pone de manifestó que el miedo al dolor está relacionado con la ansiedad y la depresión. Dos patologías que aumentan de manera exponencial cuando los pacientes muestran menor grado de resiliencia y que no tiene que ver en absoluto con el hecho de ser hombre o mujer.

Así que según el estudio fuera mitos. Sufrimos igual, y solo son capaces de sufrir menos quienes aceptan lo que tienen, que a lo único que tenemos que temer es al miedo. Y es que solo somos conscientes de los órganos de nuestro cuerpo cuando nos atormentan. Aunque a las chicas se nos haya enseñado culturalmente a “aguantar más”,determinadas cosas, desde las culturas machistas. Eso no hay estudio que me lo pueda rebatir.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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