glucosa

La pelea entre el uso de azúcar o edulcorantes sube un grado de tensión. Los detractores de los últimos —y por qué no, la industria azucarera— han encontrado un nuevo aliado que puede provocar —veremos cómo actúan los lobbies— un cambio radical en los procesos de fabricación de bebidas y alimentos.

Un estudio publicado en Nature dice que el uso de edulcorantes artificiales puede acelerar el desarrollo a la intolerancia a la glucosa. Es decir, que pueden contribuir a la larga a que suframos diabetes o a padecer obesidad.

Parece, a tenor de las pruebas hechas con ratones y humanos, que su consumo de manera prologada provoca cambios en nuestro organismo, especialmente de las bacterias que residen en el intestino, y esto nos acaba haciendo intolerantes a la glucosa.

La  investigación puso a prueba a una serie de ratones, que tomaron los edulcorantes más habituales y en las dosis permitidas legalmente. Comprobaron que desarrollaron mayor intolerancia a la glucosa que los ratones que solo bebían agua o incluso agua azucarada.

Luego analizaron su microbiota y se realizaron diferentes pruebas, donde probaron esa hipótesis. Con los resultados en la mano, se pusieron manos a la obra para ver si este efecto resulta extrapolable a los humanos y… ¡bingo!

Los hallazgos mostraron significativamente que era así, que los humanos comenzaban a presentar síntomas de intolerancia, y descubrieron que una buena parte de las bacterias de nuestro intestino reaccionan frente a los edulcorantes secretando una serie de sustancias que provocan una respuesta similar a la sobredosis de azúcar, promoviendo los cambios en la capacidad del cuerpo para utilizar esta sustancia.

El asunto no es baladí. Por una parte puede provocar un cambio radical en las recomendaciones de los dietistas, ya que la recomendación de cambiar el azúcar por la sacarina puede resultar ineficaz —no produce el efecto deseado—. El asunto tendría su gracia si no fuera porque puede llegar a ser contraproducente.

La otra derivada es algo mas grave… Y, si no, lea los prospectos de la mayoría de bebidas gaseosas y de productos alimentarios industriales. Comprobará cómo los edulcorantes aparecen entre la lista de ingredientes.

Beatriz Baselga, veterinaria, y Lara de Miguel, limnóloga

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