Brain (2)

Todas las especies en general y en particular nosotros, los humanos, demostramos una gran capacidad de adaptación y unas ganas de aferrarnos a la vida dignas de encomio. Sobre todo cuando la propia Naturaleza y la genética nos ponen a prueba. Pero hoy no vamos a hablar de superación y de las lecciones con la que nos obsequian nuestros semejantes demostándonos que siendo incompleto se puede llevar un estándar de vida más que aceptable.

Tampoco vamos a comentar curiosidades, como lo hacíamos hace unos días, de esos pollos que sin cabeza que pueden seguir llevando una vida más o menos normal. Pero vamos al grano. Somos como somos gracias a nuestro cerebro. Una compleja red de conexiones neuronales que permiten nuestro desarrollo emocional e intelectual. Y dentro de este, la mitad de las neuronas se concentran en una zona: el cerebelo.

Una región imprescindible y que concentra funciones tan vitales como la coordinación motora, el habla, el equilibrio y básicamente todas nuestras funciones cognitivas.

Con esta descripción, es fácil concluir que sin él no es posible la vida… O eso se pensaba hasta que, hace unos días, en Brain apareció un artículo donde se relata el caso de una mujer china que lleva 24 años realizando una vida normal sin tener cerebelo.

Acudió al médico porque sufría mareos y vómitos y en una prueba rutinaria, una tomografía los médicos descubrieron que el espacio donde debiera estar el cerebelo estaba vacío, o mejor dicho, ocupado por líquido cefalorraquídeo.

La joven realizaba una vida normal hasta que acudió al médico, incluso se quedó embarazada sin problemas, y su historial médico solo reflejaba una serie de anomalías en su primera etapa de vida: la costó aprender a caminar —lo hizo a los siete años— y su manera de hablar no fue inteligible hasta los seis. Un pequeño retraso, sin duda, que no afectó al desarrollo de su inteligencia.

Aunque parezca mentira, no es el primer caso documentado de personas que llegan a hacer una vida normal sin esta parte del cerebro. Al menos otras nueve fueron capaces de sobrevivir.

El asunto está revolucionando al mundo de los neurólogos y la joven ha pasado a ser un caso clínico de estudio. Seguramente, a lo largo de los próximos años conoceremos algo más sobre este tema. De momento, los investigadores se quedan con un dato: aunque todos los organismos son imprescindibles, la capacidad de adaptación supera a la lógica científica y el cerebro también es capaz de realizar ajustes en sus conexiones para lograr desarrollar todas las funciones para las que estamos programados.

Enrique Leite

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