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No todos somos iguales, menuda obviedad, pero si es de los curiosos habrá notado que, hablando de razas, es raro encontrar asiáticos gordos. Bueno, salvo si es un obseso de las retransmisiones de sumo, donde la grasa se mide por metros entre sus participantes. Pero dicha la boutade, resulta un hecho curioso.

Y curioso con explicación fácil: todo tiene que ver con la dieta. En general, en Asia, la cultura gastronómica —y quién sabe si la necesidad— ha provocado un cambio radical de las costumbres alimentarias de nuestra especie. Aunque estemos orientados a la ingesta de proteínas, en estos países la dieta se basa fundamentalmente en semillas, fruta, pescado y verduras; es decir, en un menor aporte de proteínas procedentes de la carne animal.

Así viene ocurriendo desde hace miles de años; es decir, un tipo de dieta que se ha ido trasladando de generación en generación ha provocado cambios en la manera de funcionar de un caucásico, por ejemplo, respecto a la de un oriental. El páncreas de los occidentales ha evolucionado hacia la producción de mayores niveles de insulina para metabolizar esas proteínas extras y esos azúcares añadidos a nuestra dieta, mientras que el de los asiáticos lo ha hecho en sentido contrario.

Pero no todo son ventajas, ya que ese plus de protección contra la obesidad de los orientales —les cuesta algo más— en cambio les hace mucho más vulnerables que nosotros a otro tipo de enfermedades, como padecer diabetes.

Pero (siempre hay un pero) la globalización está haciendo cambiar todo, también los hábitos alimenticios de Oriente —no es difícil encontrar hamburgueserías en Japón— y los está dejando expuestos a padecer nuestras mismas enfermedades —incluida la obesidad— pero en peores condiciones físicas —como decíamos con un organismo adaptado para metabolizar peor las proteínas—.

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Quizá por eso, Japón ha impuesto desde hace cuatro años a los empresarios la obligación de medir la cintura de sus empleados al cumplir los 40, y si los centímetros superan los límites del sobrepeso, han de poner en marcha planes para que el trabajador vuelva a estar en su peso. Si no lo consigue, la empresa es premiada con pagar más impuestos al sistema de salud.

Lo que no dicen las estadísticas es si las empresas despiden al trabajador sobrado de peso; aunque conociendo como son los japos seguro que ambos, empleado y empleador, se cuidan muy mucho de tomar atajos y se afanan por estar en línea.

En España, sería una causa más que añadir a la larga lista de motivos por los que te pueden despedir sin reparos y negarte el cobrar un subsidio.

Enrique Leite

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