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Los cambios de estación meteorológica, sobre todo cuando conducen a tiempos más fríos, también provocan cambios en nosotros. Y no solo nos referimos al engorro de tener que desenfundar la ropa de abrigo y los molestos cambios de armario —que representan para algunos un auténtico calvario— sino también a cambios en el carácter.

No sé si se habrán dado cuenta, pero aumentan las personas malhumoradas, con rostros agresivos o más tristes. Al margen de que el moreno estival nos haga parecer más radiantes y saludables, les estamos hablando de algo serio, de una patología que se conoce como trastorno afectivo emocional, también conocido como SAD (triste en inglés).

Su sintomatología es similar a otras formas de depresión; es decir, desesperanza, aumento de peso, menor capacidad para concentrarse, pérdida de interés en el trabajo y otras actividades, tristeza e irritabilidad. Este síndrome puede derivar, en su patología más grave, en trastornos de sueño, depresión e incluso en suicidio.

Su origen o causa tiene que ver con nuestra exposición a la luz solar y a la producción de una hormona, la melatonina. Esta sustancia es la encargada de regular los periodos de sueño y nuestro organismo la produce en mayores cantidades cuando la oscuridad se cierne en el horizonte. Un exceso de la misma nos incita a dormir; es decir, a sentirnos agotados, y cuando no le damos satisfacción al cuerpo, la derivada puede ser ese sentimiento de cansancio general que sienten quienes padecen este trastorno.

De hecho, las estadísticas dicen que las comunidades que se localizan más alejadas del ecuador son más propensas a subir los índices de suicidios o a sufrir el SAD.

Como con otros tipos de depresión, su tratamiento pasa por la consulta del especialista. Los antidepresivos y la psicoterapia pueden ser efectivos. Últimamente, el uso de fototerapia también se muestran eficaces para combatir este problema.

Está claro que el final del verano no solo marca el camino a la dura rutina del trabajo y del fin de los días de molicie, también nos expone a enfermar.  Esto indica que algo hemos debido de hacer mal los humanos en nuestro camino evolutivo. No solo hemos poblado regiones que no son aptas para nuestro mejor y más saludable desarrollo emocional y vital, sino que nos hemos embarcado en actividades que nos predisponen contra nosotros mismos (pero esto, lo de nuestra actividad vital como seres inteligentes y productivos en lugar de mantenernos como cazadores, es harina de otro costal).

Camino García Balboa, doctora en Químicas

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