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Decía Grande Covián que una de las maneras más eficaces para adelgazar era quedarnos siempre después de comer con la sensación de tener hambre. Vamos, levantarnos de la mesa antes de que nos estalle el botón del pantalón o de la falda y no podamos más.

Pero para ello hace falta una voluntad de hierro, algo de lo que los comilones carecen y todos y cada uno de nosotros cuando decidimos ponernos a régimen. Así que hay que recurrir a otras tácticas. Hay quien decide llenarse la barriga de agua antes de comenzar a comer para tener una sensación de saciedad, pero la verdad es que a mí, más que de saciedad, lo que noto es que los alimentos nadan libremente por mi estómago y, disfrutar, lo que se dice disfrutar, pues como que no.

Así que recomiendo a todos que prueben otro método que resulta eficaz y desde luego no interfiere en el placer de comer. Utilice tenedores más grandes de lo normal. Sí, como lo están leyendo: cambien su cubierto por el tridente de Neptuno. 

Un estudio publicado en Journal of Consumer Research asegura que llevarnos a la boca bocados más grandes aumenta la sensación de saciedad. Son las conclusiones de la investigación, cuya fase experimental analizó lo que ocurría en un restaurante cuando ponían en la mesa tenedores de diferentes tamaños. Las personas que usaban los más grandes comían menos que las que usaban tenedores pequeños.

Los autores aseguran que desde que probamos el primer bocado hasta que nos sentimos fisiológicamente saciados pasa tiempo. Y que decidimos cuándo hay que parar teniendo en cuenta una serie de factores puramente visuales, y que dentro de ellos, el creer que la porción que nos llevamos a la boca es grande o pequeña influye. Así, comprobaron que los que usaban cubiertos de menor tamaño comían mucho más.

Y como el remedio es barato, creo que es cuestión de probarlo, que en esto de adelgazar sin pasar hambre cualquier truco vale. Claro que a lo mejor conocer el engaño resta efectividad.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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