Tutankamon.

Los aficionados al Egipto Antiguo tenemos una cierta propensión por dejar volar la imaginación y añadir elementos mitómanos a las figuras de los faraones. Y dentro de ellos, Tutankamón es de los preferidos. Y no solo porque descubrir su tumba sin profanar ha aportado una multitud de datos para la investigación arqueológica. El halo de misterio que rodea su vida y la muerte del joven faraón es motivo para dejar volar la imaginación.

Para los que todavía preferimos la lectura a la imagen, estos elementos son más que suficientes para que nos fabriquemos una imagen de cómo hubiera sido el faraón. Pero, claro, se nos olvida que vivimos en plena euforia del CNI… lo que sea, y van unos listos y nos dicen que cualquier parecido que hayamos imaginado con la realidad es pura filfa. 

Resulta que tenía un pie zambo, los dientes de conejo y… era ancho de caderas. Vamos, que de sex symbol, nada de nada. Así que la majestuosidad de sus ropajes y el lujo de su sarcófago lo único que hacían era tapar la imagen de un ser bastante vulgar tirando a feúcho. La instantánea forma parte de una autopsia virtual que ha realizado a la momia el prestigioso Albert Zink y que podremos ver dentro de poco a través de la BBC.

Fruto de las relaciones cosanguíneas, sus padres eran hermanos, resultaron estas minusvalías que le llevaron a una prematura muerte. Nada de caída de un carro en valerosa pelea o caza de león. Con semejante pie resultaba imposible que pudiera conducir este medio. Unas evidencias que, además, se apoyan en los numerosos bastones (más de un centenar) hallados en su cámara mortuoria.

Además, sus taras genéticas inducen a pensar que su muerte obedeció más bien al desarrollo de una enfermedad genética y no a una conspiración para hacerlo desaparecer de escena.

El conocimiento nos hará libres, dicen, y un poco de verdad nunca viene mal, pero lo cierto es que cuando la Ciencia mete sus zarpas en mis fantasías… ¡¡¡¡me da una rabia!!!

Enrique Leite

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