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La forma en que la grasa corporal se distribuye en hombres y mujeres es caprichosa. De esta forma, hemos asumido que a los señores los excesos gastronómicos dejarán huella en forma de perímetro abdominal considerablemente aumentado, mientras a nosotras, las lorzas se nos instalarán en caderas y trasero. Las llamadas, váyase usted a saber por qué, obesidad ginecoide o androide, nos diferencian claramente. Eso ya lo sabíamos.

También conocíamos que las mujeres vivimos protegidas durante la edad fértil por el ciclo menstrual y todo su maremágnum hormonal del ataque del colesterol y sus derivadas enfermedades cardíacas. Pero ahora la ciencia va un paso más allá. Unos investigadores han descubierto que la grasa provoca diferentes respuestas en el cerebro de machos y hembras. Y esto, cómo no, ha empezado por los ratones. 

Al parecer, en los roedores machos las dietas ricas en grasas provocan una inflamación del tejido cerebral y, con ello, se incrementa su predisposición a padecer diabetes o problemas cardiovasculares. Por el contrario, el cerebro de las ratonas parece inmune a los efectos perjudiciales de dietas hipergrasas.

De esta forma, se puede colegir que las roedoras hembra pueden ingerir una ración extra de colesterol sin secuelas importantes. Sin embargo, para ellos es claramente perjudicial, ya que desde el punto de vista neurológico, la obesidad se asocia con una inflamación crónica en el sistema nervioso central, cuya respuesta se traduce en un aumento de la resistencia a la insulina y a la leptina, que influyen en la aparición de enfermedades de origen cardiovascular.

Esta diferencia de tolerancia hacia los nutrientes en función del sexo representa una novedad que, de confirmarse en humanos, explicaría entre otras cosas por qué mujeres obesas premenopáusicas disfrutan de mejor salud que los hombres obesos. Y obligarían a revisar las recomendaciones dietéticas tomando como parámetro el sexo.

Esto puede dar lugar a situaciones engorrosas: dietas para niñas y niños, para hombres y mujeres… ¡Pobres cocineros! Y cómo no, también habrá que provocar cierta envidia entre los señores; y es que la naturaleza, en esto de la dieta, parece estar de nuestra parte. Buen provecho.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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