violencia

Todos los padres se preocupan por sus hijos. Esa es una constante. Todo tipo de peligros les acechan, especialmente en la infancia. Ahora la ciencia arroja una nueva preocupación sobre nuestros hombros. La crueldad puede ser innata.

Un reciente estudio realizado por la Universidad de Montreal considera que el carácter violento y la inclinación a la crueldad tienen un componente hereditario y sus primeros signos se hacen ostensibles en la primera infancia, entre el primer y el cuarto año de vida, momento en que  los pequeños se aventuran en el universo del lenguaje y las habilidades motoras.

Los responsables de esta indeseada inclinación son dos genes: MAOA y CDH13. El primero, oportunamente denominado gen del guerrero, es responsable de la metabolizacion de la dopamina, ese activador de nuestras emociones más viscerales. El segundo se relaciona con el controvertido diagnóstico de déficit de atención e hiperactividad; ya saben, esos niños que no paran.

De esta forma, aquellas personas cuya naturaleza ha recibido una variable del gen del guerrero no absorben adecuadamente la dopamina, por ello son más proclives a exhibir situaciones de peligro y pueden llegar a expresar conductas violentas.

Los neurocientíficos aseguran que hasta un 50% de los delitos con violencia y en torno a un 10% de los crímenes son perpetrados por sujetos en cuyo mapa genético se encuentran dichos genes. Según el trabajo, además esta cualidad innata es más frecuente en hombres que en mujeres, ya que a nosotras nos protege el doble cromosoma x, cuyo gemelo sería capaz de compensar la variación, en caso de presentarse.

Otro aspecto que influye especialmente en estas personas es el consumo de alcohol, que al liberar dopamina en el cerebro, como la persona no es capaz de absorberla suficientemente, incrementa la conducta agresiva. De ahí que tantos actos de violencia y crueldad vengan acompañados del consumo de estas sustancias.

Inquietante conclusión determinista. Afortunadamente, señalan que la mayoría de las personas vulnerables no desarrollarán estas inclinaciones gracias a otros aspectos sociales, como la educación.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista
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