invernadero

Las necesidades de producir alimentos han cambiado la pauta de la agricultura moderna en la última centuria. No solo se trata de conseguir las mejores y más eficaces semillas, que esa selección natural se viene practicando desde los albores de los asentamientos humanos, también hay que enmendar a la naturaleza y conseguir las condiciones climáticas y de suelo óptimas para asegurarnos la cosecha.

Los agricultores saben bien que el principal riesgo al que se enfrentan es al clima y a los súbitos cambios -por exceso o por defecto- que amenazan sus sembrados. El cultivo en invernadero se convirtió en una especie de seguro de vida. Bajo esos mares de plástico, al menos, los productos se desarrollan en unas condiciones estables ajenos a las condiciones atmosféricas reinantes.

¿Ahora bien, esas condiciones de laboratorio afectan a las propiedades de los frutos? Más allá del debate sobre si los tomates o las naranjas que consumimos en la actualidad tienen más o menos sabor que las que se degustaban hace unas décadas, nos referimos a si existen cambios en los valores nutricionales que desarrollan cuando crecen en condiciones naturales o en los otros espacios. 

Parece que sí, al menos en lo tocante a las berenjenas, un producto típicamente mediterráneo. Un reciente estudio ha comparado sus características en función de las condiciones de cultivo y en el capítulo de antioxidantes parece que las berenjenas cultivadas al aire libre acumulan mayor cantidad de polifenoles que las que nacen en los invernaderos.

Asimismo, para el estudio se realizaron comparativas desde este punto de vista con otras variedades de berenjenas que no son estrictamente autóctonas pero que se cultivan en la zona de Levante español. Las locales presentaron un mayor contenido de vitamina C y compuestos fenólicos totales que los híbridos comerciales, así como bajos niveles de carbohidratos y almidón.

De todos modos, concluyen que mediante mejora genética se pueden obtener productos que cultivados en el invernadero tengan el mismo rendimiento a nivel nutricional que las que produce de manera natural la tierra.

Este tipo de estudios, además de servir para que los técnicos agrícolas determinen las mejores condiciones de cultivo y selección de semillas desde el punto de vista de la producción, resultan fundamentales de cara a la obtención de unas hortalizas que no solo sean ricas al paladar y agradables a la vista, sino para que tengan las mejores propiedades a nivel nutricional y organoléptico.

Que no todo es tener en la huerta los mejores tomates. También importa que sean los que mejor nos nutran.

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