dieta mediterranea

Mucho y muchas loas se han publicado sobre la dieta mediterránea y la salud de los humanos. Un equilibro nutricional que puede aportar hasta diez años más en nuestra esperanza de vida. Pero si es de los que no acaban de estar convencidos porque su paladar se decanta por otro tipo de dietas -incluso de la comida basura- pero es un entusiasta de frenar el cambio climático y dejar a nuestros hijos un planeta más habitable, apúntense a este nuevo argumento: la dieta mediterránea frena el efecto invernadero.

Tal y como lo están leyendo. Así que olvidémonos del paladar y pensemos tan solo en la salud del planeta. Es decir, pensemos en términos de producción alimentaria. Y si no nos creen, lean este artículo publicado en Nature, donde se afirma que “las emisiones globales de gas de efecto invernadero serían reducidas por una cantidad equivalente a las emisiones actuales de todos los coches, camiones, trenes, barcos y aviones. Además, este cambio en la dieta podría evitar la destrucción de bosques tropicales y sabanas de un tamaño equivalente a la mitad de los EE UU”.

Es cuestión de poner en relación tres elementos: los alimentos que más se consumen en la actualidad en el mundo, o las tendencias alimentarias si lo prefieren, las necesidades que precisan de hectáreas de tierra para su producción -y lo que supone en tala de árboles necesarios para ello- y la cantidad de energía -y el modo- que se gasta para su elaboración o puesta en el mercado.

Este imaginativo enfoque concluye que si las tendencias en alimentación -donde la dieta mediterránea no es la mayoritariamente elegida- persisten en los próximos cuarenta años, serán las causantes de la principal emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera: el 80% sería provocado por los procesos de producción alimentaria. Asimismo, la proyección augura que serían necesarias en torno a mil millones más de hectáreas destinadas a la agricultura de las que se destinan hoy; imaginen lo que supondría en cálculo de árboles que desaparecían y cómo esta modificación de los ecosistemas afectarían a las especies actuales.

A mí la verdad es que ya me están entrando mareos. No tenía ninguna duda, pero si surgiera alguna, este argumento apuntala mis convicciones a favor de la dieta mediterránea.

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