chocolotate

No soy de las que se consideran una adicta al chocolate ni tampoco de las que penan las depresiones sentada frente a la tele devorando toneladas y toneladas de helado. Si me apuran, soy de las sosas que prefieren el chocolate blanco al negro y cuando leo lo de ciento por ciento cacao salgo corriendo.

Pero como no soy una abertzale de nada, salvo de la vida, tengo que reconocer que tras el brebaje de los dioses elaborado por los aztecas existe una cantidad de estudios que avalan sus grandes cualidades; estimulante alimento que lo mismo mejora nuestro estado anímico que actúa como sustitutivo del sexo, junto con multitud de otras propiedades.

Pero hoy no me detengo en este dulce producto para avalar sus beneficiosos efectos para nuestro organismo -tomado en dosis moderadas, que se me vienen arriba en seguida y tampoco se trata de comerlo a mandíbula llena- sino para poner el acento en un aspecto al que no le damos importancia. 

Voraces como somos los humanos, resulta que consumimos más cacao del que producimos. Y ya conocemos su derivada: estamos abocados a una subida enloquecida de sus precios. Y pagar más por algo tan imprescindible es algo más que un pecado. Pero el problema es que las plantas de cacao, que mayoritariamente se producen en África, están siendo atacadas por un hongo (Moniliophthora roreri).

La infección ha provocado la desaparición de muchos cultivos. Y también de plantaciones, ya que como no existe a día de hoy un remedio eficaz contra este hongo, los agricultores, ubicados en zonas donde la riqueza es un sueño, están prefiriendo optar por otros cultivos que al menos no los arruinen.

Ya ven, el paladar occidental castigado por la codicia de los pobres africanos. Este asunto, el del chocolate, debiera hacer que nos planteemos una vez más el sinsentido de no intercambiar los conocimientos y la locura que supone la división del planeta entre los occidentales y el resto.

Que ya va siendo hora de derribar una frontera invisible, la de los avances científicos, y que en un mundo tan global como este todos nos beneficiemos de lo que invente o desarrolle el de al lado. Ya que no lo hacemos por el ébola o por el tifus, que sea el chocolate, tan dulce, el ariete que derrumbe ese muro (dicen que alguno de los institutos más avanzados del mundo ya están trabajando en el desarrollo de una planta de cacao capaz de multiplicar por siete la producción), que una vez se abra una brecha, la muralla se desmoronará sola.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

Anuncios