piedras azules

Para nosotros, los humanos, la vida más que color de rosa es el resultado de la mezcla de los tres colores básicos: verde, rojo y azul. Pero si vemos las encuestas cromáticas al uso, los humanos nos decantamos por el azul dentro de nuestras preferencias. Y si echamos un vistazo a nuestro alrededor, encontraremos que la naturaleza apenas nos obsequia con animales o vegetales caracterizados por esta gama de color. ¿Curioso, no?

A pesar de que rebuscando en su memoria encuentre alguna flor o alguna piedra o incluso algún animal, coincidirá con nosotros en que lo azul no es lo predominante, quizá por ello nos atraiga tanto. Pero si miran a su plato, será complicado que encuentre alimentos azules. Genéricamente, pudieran ser las moras, los arándanos o alguna ciruela -las llamadas claudias-, pero ¿realmente son azules? Más bien no; quizás violetas, pero azul, azul… como que no.

En el caso de los vegetales la cuestión resulta lógica. El verde es el color natural de las plantas gracias a la clorofila. Ahora bien, gracias a la química esta sustancia de color verde puede cambiarse por el azul.  Por ejemplo, la antinoacina, un pigmento orgánico, es el responsable del color rojizo tan característico del otoño o de las flores rojas de las rosas, pero eso tiene que ver con su interacción con los suelos donde crecen.

Una mayor acidez da como resultado las flores rojas, pero una mayor alcalinidad del suelo da como resultado flores azules. La tercera gama de color es el violeta, resultado de suelos neutros. Es decir, que como ocurre con los que no denominamos colores primarios, los colores de las flores dependen de la suma de otros elementos.

Del mismo modo ocurre entre los animales. Lo azul resulta raro y es porque no fabricamos pigmentos azules. Puede ser simplemente una cuestión de evolución, ya que los colores de frutas y vegetales determinan en parte su composición (vitaminas, antioxidantes, etc.) y en el caso de los animales, los tonos pardos, negros o blancos resultan menos llamativos, y por lo tanto más fáciles de camuflar en la naturaleza.

Desgraciadamente, aunque nos guste el azul, me temo que tendremos que conformarnos mirando al cielo o utilizando los colorantes artificiales para contemplarlo a nuestro alrededor, sobre todo en los alimentos.

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