de canallas y atractivo

Ellos aseguran que “las prefieren rubias, pero se casan con morenas” y de nosotras que los preferimos canallas a buenecitos… Y la verdad es que, como tema de debate, anima una sobremesa, pero poco más. Que en lo tocante a gustos, la procesión va por barrios. Bueno, va por barrios hasta que se mete por medio un científico, organiza un estudio y la lía parda.

El asunto debía de intrigarle al doctor Yan Zhang, que se puso manos a la obra para acabar determinando que existe una relación entre los aspectos positivos de la personalidad de las personas y el atractivo facial. O si lo prefieren, que lo bueno, además de lo pequeño, nos resulta hermoso. Es decir, que somos capaces de hacer trascender a nuestro rostro -visto a ojos ajenos- los elementos positivos de nuestro carácter.

El experimento se basó en reconocer el atractivo del rostro neutro en diferentes fotografías. Luego, al cabo del tiempo se repitió el experimento acompañando a la fotografía neutra -la misma que habían visto antes-  con descripciones que definían a las personas como bondadosas o deshonestas.

Lo curioso es que la descripción de la personalidad acababa por influir en las calificaciones de los observadores en su valoración de la belleza. El número de personas mejor consideradas aumentó de manera notable entre el grupo de las buenas personas y, por el contrario, descendió entre las que habían sido descritas como deshonestas.

A lo mejor usted es de los que piensa que las conclusiones del maestro chino son de Perogrullo y que para ese “burro no hacía falta tanta alforja”. Pero, no está de más que la Ciencia acabe certificando como reales algunas creencias populares. Por si les consuela, a mí, particularmente, me agrada más ver a gente sonriendo que malencarada. Y resulta mucho más facil enamorarse de una buena sonrisa que de una risa sarcástica de esas de malo, malote.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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