festin

Se acerca la gran noche… Mejor dicho, la gran cena y la gran comida. Es lo que toca en todas las mesas, de las más humildes a las más opulentas. Y ya sabemos en qué se traducen esos excesos: en esos horrorosos cúmulos de grasa que nos llenan de remordimientos y de sentimientos de culpa y de atormentarnos del porqué nos hemos dejado llevar por la tentación. Los hay tan masoquistas, incluso, que se bombardean con pensamientos negativos antes de que llegue el bocado a la boca.

Pues allá va un consejo previo, que aunque no evitará que engorden al menos les quitará el mar sabor de boca por ceder ante la tentación. Si se dan cuenta, cuando esa mamá pesada insiste en que comamos o ese amigo generoso insiste en que compartamos de su plato, pues como que lo hacemos sin rechistar. Vamos, que nos liberamos de todo tipo de remordimientos cuando alguien decide por nosotros. 

Y no se trata de una información gratuita, son las conclusiones de un estudio publicado en el Journal of Consumer Research, donde se afirma que las personas se sienten mucho más felices cuando otros prácticamente les obligan a tomar ese manjar que tienen prohibido. Los autores subrayan que “la libertad para tomar nuestras propias decisiones es lo que nos hace pensar con sentido común y preocuparnos por nuestro bienestar”.  Y de ahí los sentimientos de culpa.

En la prueba sometieron a los participantes a varios tests. A uno de los grupos se les dejaba optar con libertad, mientras que al otro le daban la elección hecha; y luego estudiaban sus reacciones. Y al margen de la comida, lo también curioso es que una de ellas tenía como protagonistas dos libros, uno educativo y otro de entretenimiento. Se supone que el primero era por su beneficio y el segundo por su placer. Pues bien, en el primero de los casos, el libro educativo, los participantes no mostraron actitudes diferentes, lo leían con la misma actitud.

En cambio, con el libro de placer, quienes lo recibían directamente lo disfrutaban más que los que lo habían elegido libremente. Es decir, que en asuntos que nos provocan placer, la culpabilidad nos pone frente al espejo. Así que ya saben, déjense llevar estas fiestas por los demás y consuman decididamente todo lo que nos propongan -siempre y cuando su tarjeta de crédito se lo permita-. Seguro que empiezan el año con mejor talante.

Anuncios