grasa

Ayer comentábamos que para no sentirnos tan culpables por los kilos de más que cojamos durante las fiestas, lo mejor era dejarnos seducir por las invitaciones de nuestros vecinos de mesa, que con ello atenuaríamos los remordimientos. Ahora bien, nos sintamos orgullosos o culpables de los excesos gastronómicos, la realidad será siempre la misma: si comemos más de lo que gastamos, michelín al canto y una lorza más a nuestra anatomía.

Los cúmulos de grasa, carbohidratos y proteínas se guardan en forma de los malvados triglicéridos en los adipocitos y ahí permanecerán hasta que una mañana nos levantemos con ganas y pongamos rumbo al gimnasio dispuestos a quemarla. Porque aunque esta palabra parezca una expresión coloquial, es lo que ocurre realmente con ella: la grasa se transforma en energía o calor.

Es decir, que es necesario que nuestro organismo organice, valga la redundancia, un proceso de combustión interna. Lo que nos lleva al quid de la cuestión. Si algo tiene que arder, es preciso un aporte de oxígeno y luego la transformación de esa materia en dióxido de carbono y de una materia residual. Parece que en nuestro caso, esa materia residual es básicamente agua. O sea, que fundamentalmente nos desprendemos de nuestra grasa corporal a través de los pulmones y el sudor -además, lógicamente, de la orina y las heces-. Quedémonos en lo primero, en los pulmones.

Siguiendo estos parámetros, un equipo de investigadores se puso ha realizar los cálculos pertinentes. Y las conclusiones no dejan de resultar curiosas: para quitarnos de encima 10 molestos kilos de grasa, es necesario que respiremos 29 litros de oxígeno, que son los necesarios para que pueda producirse la combustión. Luego se transformarán en 28 kilos de dióxido de carbono y 11 de agua. Los investigadores tuvieron en cuenta la relación entre el peso y la cantidad de átomos de cada compuesto y consideraron todas las formas en que el cuerpo elimina el dióxido de carbono.

El  estudio lo pueden leer completo en el British Medical Journal. Ahora bien, no se me pongan estupendos y saquen sus propias conclusiones. Que lo de perder peso no pasa por respirar de manera convulsiva o rápida, esa no es la manera adecuada, así que no se me escaqueen de hacer ejercicio. Para que se acelere el metabolismo hay que activar las células y eso, de momento, solo se consigue moviendo el cuerpo. La otra manera de perder peso, ya lo saben, es obligar al organismo a tirar de las reservas; o lo que es lo mismo, pasar hambre.

Del estudio, nosotros sacamos nuestra propia moraleja…  Si es de los que se definen como ecologista, no engorde. Evite de este modo los millones de litros de dióxido de carbono que acabarán contaminando el aire que respiramos.

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