dormilones sueño

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Si nos fijamos en el modo de producción occidental, parece que la vida -el trabajo- pasa por madrugar, sentarse en el puesto de trabajo a unas horas -al menos para mí- absolutamente intempestivas y llegar a las diez de la mañana con una buena parte de la jornada laboral cumplida, dispuestos a hacer un break para el café. Y en el mejor de los casos, parafraseando a la cinta, estar de nueve a cinco amarrados en el banco del trabajo.

Y así nos va, que nos pasamos buena parte de la mañana con la legaña pegada al ojo. Y claro, con horarios tan madrugadores y por aquello de cumplir esa máxima de las ocho horas de sueño, pues nada, a dormir con las gallinas. Yo, personalmente, nunca he pensado que eso resultara sano, pero como no me queda más remedio que acatar las normas, a madrugar como un imbécil.

Y como en El Dormilón de Woody Allen, resulta que donde dije digo… y los estudios que se van realizando sobre el tema nos explican que casi mejor arrancar con nuestra jornada un poco más tarde. Como que resulta más provechoso ponernos en marcha a partir de las 10 de la mañana. 

Lo dicen un grupo de neurólogos especialistas en el sueño que ha tomado como base las famosas y completas estadísticas que realizan los norteamericanos. Han hecho algo tan sencillo como asociar la hora del despertador con la hora de acostarse. Y resulta que, lejos de acostarse antes para cumplir la máxima de las ocho horas que recomienda la OMS, nunca vemos el momento de meternos en la cama -a dormir-.

Y eso, lógicamente, se traduce en que no dormimos las horas suficientes para que realicemos de manera completa la función reparadora que cumple el sueño, lo que supone menor calidad de vida, mayor estrés y menor productividad. En general, las personas que se levantan sobre las 6 de la mañana duermen apenas unas seis horas mientras que los que se despiertan sobre las 9 o 10 duermen unas siete horas y media.

Seguro que a algunos ya empezarán a poner pegas, así que no se molesten, que nosotros mismos somos conscientes de que este estudio solo tiene en cuenta dos variables y una premisa discutible. Ya sabemos que no todo el mundo necesita las ocho horas de sueño y que hay que tener en cuenta otras variables, como tipo de trabajo, hábitos de vida o dieta.

Pero no me negarán que es un buen argumento para justificar que se nos peguen las sábanas.

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