obesidad

Bueno, ya pasó el atracón de las Navidades y seguro que es de los que pasa de refilón por el espejo; y lo de la báscula, casi mejor ni acercarse a ella, que es peor que el espejo de la madrastra de Blanca Nieves. Pero la realidad es la que es, así que, ¡anímese! Y al menos durante la cuesta de enero, haga un poder para acercarse al gimnasio a sudar los excesos y a procurarse una cura desintoxicante que le haga perder esos kilos de más fruto de su ¿mala? conciencia.

Seguro que estos problemas pasarán en breve a ser asuntos del pasado, porque afortunadamente y a pesar de los recortes, en los laboratorios se sigue trabajando en el estudio de la obesidad humana. Lo último que ha caído en nuestras manos es un reciente estudio publicado en la revista Cell que avanza la relación de determinados microbios con el aumento de peso.

En concreto, parece existir una relación entre una familia de microbios conocida como Christensenellaceae y la obesidad en los seres vivos. El experimento todavía se encuentra en la fase de estudio animal, es decir, se ha probado con roedores, pero los resultados son prometedores. Sometidos los ratoncillos a una dieta implementada por estos microbios de nombre impronunciable, resultaron que ganaron menos peso que el otro grupo que fue alimentado con la misma dieta hipercalórica pero sin la presencia de los microorganismos.

En principio, la presencia de estos bichitos en el organismo está determinada por patrones genéticos, pero a tenor de los resultados puede resultar un parámetro que se pueda regular de manera externa, y quién sabe si en un tiempo no excesivamente lejano, se puedan incluir como aditamento en algunos alimentos.

Pero no se crean que es el único descubrimiento relacionado con la obesidad que nos sorprenderá a lo largo del año que comenzamos. La investigación de las bacterias y el aumento de peso es un tema que se aborda en diferentes laboratorios. De hecho, se está abriendo paso con fuerza una teoría que sugiere que el aumento del uso de antibióticos de manera abusiva tiene un efecto letal sobre determinado tipo de bacterias que anidan en nuestro cuerpo y que, entre otras funciones, ayudan a convertir los alimentos en energía.  Su desaparición -sucumben ante los antibióticos- contribuye al aumento del peso corporal.

De momento, si tienen curiosidad al respecto, les recomendamos que lean este artículo publicado

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