Arruga

Tersa y fina como la piel de un bebé. Muchos desearían que esa afirmación se convirtiera en profecía. Pero el paso del tiempo es inexorable y, sobre todo en los humanos, deja su huella en forma de arrugas. Es posible que alguna vez, si es de los que tienen o han tenido mascota, se haya detenido en pensar en qué pocos cambios físicos -comparados con nosotros- se producen en la anatomía de nuestros animales una vez que alcanzan la edad adulta.

Pero no nos vayamos por la tangente, que hoy de lo que toca hablar es de piel, de la nuestra. Al perder el pelaje queda expuesta a las inclemencias de la naturaleza y eso se nota y de qué manera, aunque si preguntáramos a las empresas cosméticas, le dirían que para bien, que si no de qué iban ellos a hacer negocio. El caso es que exposiciones solares al margen, la elasticidad de nuestra piel comienza a deteriorarse de manera más o menos irreversible a partir de los 40 años.

Ahora bien, ¿y si del mismo modo que mantenernos activos -hacer ejercicio– nos alarga la vida, ese ejercicio pudiera ser beneficioso para la piel? La pregunta puede parecer inocua… hasta que alguien se pone a probarlo. Y eso ha hecho un grupo de investigadores. Se pusieron a analizar piel que, en principio, no haya tenido contacto con el sol -como la del glúteo- en diferente tipos de personas -edad y sexo- y la clasificaron después en función de si los susodichos eran aficionados a realizar ejercicio o, si por el contrario, eran de los partidarios del dolce far niente.

La sorpresa saltó, como no era para menos, al encontrar que a partir de los 40, la piel de los deportistas no envejecía tan rápido y tenía características que correspondían a personas de menor edad. Para terminar de probar la hipótesis, acometieron una segunda fase en la investigación y sometieron a un grupo de voluntarios a un programa de ejercicio semanal.

Tres meses después, procedieron a ver si el ejercicio había procurado progresos en la piel de los participantes. Y efectivamente, sí se produjeron. No llegaron a lucir piel de bebé, pero ganaron en elasticidad.

Así que ya sabe, además de ganar en movilidad, el ejercicio puede resultar un buen antídoto contra las arrugas. Y si no nos cree, haga la prueba; al fin y al cabo, en apenas tres meses podrán hablar por sí mismos.

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