Mamut

Atendiendo al tamaño de las especies, da la sensación de que la Naturaleza prefiere lo micro a lo macro y que, normalmente, las especies más grandes están condenadas a la extinción. No deja de ser, sin duda, una apreciación subjetiva, pero ahí está el catálogo de todos los seres vivos que moran el planeta para atestiguar esta afirmación. En cualquier caso, en términos generales, parece que lo macro nos fascina y, dentro de las grandes especies, el de los dinosaurios es un tema recurrente; suponemos que será por algo.

Hasta ahora, su desaparición se ha explicado en base a fenómenos naturales. Y decimos hasta ahora porque en lo tocante a la extinción de los grandes monstruos de la Edad de Hielo, acaba de surgir una nueva teoría bastante revolucionaria y que nos otorga un papel protagonista. El estudio ha sido publicado en el Journal of Archaeological Science por un grupo de investigadores británicos y norteamericanos que ha estudiado yacimientos en Siria. Y concluye que especies como los mamuts lanudos y otros gigantes de la Edad de Hielo contaron con nuestra inestimable ayuda para desaparecer.

Estudiando unas piezas esféricas de vidrio fundido y carbono, han llegado a la conclusión de que han sido creadas tras incendios de los edificios que construían los seres humanos durante ese periodo. Unas construcciones realizadas con materiales ricos en sílice y que se derretían al entrar en contacto con el fuego, en concreto a unas temperaturas que rondan los 1.000 grados centígrados.

Los incendios provocaban, según los científicos cambios en los hábitats de estos grandes animales, lo que les complicaba la existencia. Esta obligación a encontrar lugares más habitables junto a esa actividad a la que somos tan aficionados los humanos, la caza indiscriminada, provocó esos cambios ambientales que, finalmente, derivaron en la desaparición de esas especies. Eso sin olvidar el cambio climático que entonces se padecía.

Como decimos, la teoría resulta revolucionaria, pero teniendo en cuenta cómo nos las gastamos hoy en día y cómo provocamos cambios que irremediablemente llevan a la desaparición de especies, no resulta descabellado pensar que ese modus vivendi tan nuestro viene de lejos y que, en parte, fuimos responsables de la desaparición de esas especies.

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