sexo en sueños

Hoy vuelvo a uno de nuestros temas favoritos, y recurrentes, el sexo. Será porque es viernes y no se me ocurre nada mejor que hacer o porque hace mucho frió o, simplemente, porque soy un poco reiterativa. El caso es que no hace muchos días, escuchando conversaciones ajenas -otra de las  aficiones favoritas de los entomólogos-, una adolescente se quejaba a otra de que su noviete era de los de pensamiento único y se lamentaba de que tan pesadito se ponía que “seguro que hasta durmiendo piensa en ello”.

Así que, acicateada, me puse a rebuscar entre la literatura al uso. Lo primero sorprendente es que los sueños sexuales -o si lo prefieren, tener sexo mientras se duerme- no son algo raro: cerca del 10% de la población los tiene. Y como todo en cuestión de sueños, abre un cierto campo a la interpretación.

Ahora bien, ¿y si esta actividad sexual se desata siendo sonámbulo? En este caso, podríamos estar ante una patología que se debiera tratar, porque los sonámbulos realizan actos que difícilmente recuerdan y que, en ocasiones, pueden llegar a provocar serios problemas. El asunto, neuronalmente hablando, se encuadraría en uno de los trastornos en la fase del sueño en el que una parte de nuestro cerebro no descansa -es decir,no realiza correctamente las funciones reparadores de esta fase de nuestra existencia-  y durante la que permanece despierta aquella zona que controla nuestros instintos primarios; y el sexo forma parte de ellos: del mismo modo que la defensa en situaciones de alerta, el instinto de reproducción es un comportamiento innato.

Los estudiosos del sueño han descifrado parte de los mecanismos o fases de consciencia durante el sueño. Desde la fase de sueño lento (NREM) hasta las más profundas del sueño paradójico o REM. El trastorno sucede porque algunas neuronas no cumplen bien su función y los sujetos que lo padecen se ven impelidos a esa práctica sexual -y no necesariamente la de procurarse placer en solitario-  de manera inconsciente.

Algunos pensarán que el tema puede resultar hasta divertido. Pero no crean, porque los individuos que padecen esta patología pueden llegar a provocar episodios de violencia. Su instinto les impele a practicar sexo sí o sí con alguien, lo que se puede convertir en una violación -el sexo ha de ser siempre una actividad consentida- y desgraciadamente existen documentados casos de violaciones realizadas por sonámbulos -es decir, de personas que no son realmente conscientes de lo que hacen-.

La enfermedad tiene un nombre, sexomnia, y precisa de tratamiento. Así que, ya sabe, si su pareja es de las que se pone pesadita e interrumpe sus sueños durante la noche con caricias, cerciórese después de que ese acercamiento forma parte de un acto consciente y voluntario. Si no se acuerda de nada, no lo dude, que vaya al especialista.

                                                                                                                                                                                                                                                Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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