Cerveza

Los amantes de la cerveza no necesitan argumentos para ir pasando los tragos -los malos y los buenos- con unas buenas y bien tiradas cañas. Aun así, existe numerosa bibliografía sobre los beneficios que, con moderación, provocan a nuestro organismo las bebidas, digamos, de bajo contenido en alcohol, como son la cerveza y el vino.

Uno de los últimos ha puesto en relación su ingesta con una de las temidas enfermedades de los humanos modernos, la osteoporosis; y parece que la cerveza nos puede ayudar a mantener los huesos fuertes a lo largo de nuestra vida.

Uno de los elementos que están presentes en la cerveza es el silicio -ácido ortosilicícico-, sustancia que resulta fundamental para prevenir la osteoporosis. Como decimos, el silicio forma parte de sus ingredientes, pero además, en esa forma de ácido, resulta de rápida asimilación por nuestro organismo, lo que sin duda supone una ventaja adicional, según publica un reciente estudio.

Los investigadores analizaron diversas formas de fabricar la cerveza y, sobre todo, el efecto del malteado. Tras la investigación, concluyeron que las cervezas con más cantidad de silicio son en aquellas que cuentan con una mayor concentración de cebada malteada y lúpulo. La explicación es sencilla, ya que el silicio se encuentra fundamentalemente en la cáscara del cereal.

Para hacernos una idea, cada litro de cerveza contiene entre 6,4 y 56,5 miligramos -en función de lo comentado anteriormente-. Y si tenemos en cuenta que es necesario ingerir al menos entre 20 y 50 miligramos de silicio a través de la dieta, las cuentas resultan claramente a favor de tomarse una caña de una cerveza bien malteada que atiborrarnos a mijo, patatas o granos de trigo.

Ya ven que no todo en la vida son sustos o varapalos. Que también podemos obtener satisfacción en pequeños placeres y que no siempre que consumamos una cerveza nos ha de asaltar el síndrome del pecado. Que también -insistimos, con moderación- estamos contribuyendo a una vida sana.

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