pelos

Ya hemos comentado en más de una ocasión que vivimos rodeados de microorganismos. Que están en forma de bacterias y de hongos en todo lo que tocamos y también en nuestro interior. Y, cómo no, en nuestra epidermis. Y que se trata de bichitos con alta movilidad. Se mueven y saltan, pasan de unos sitios a otros sin que nos demos cuenta.

Como suelen resultar inocuos en la mayoría de los casos, los microorganismos tienden a pasar desapercibidos, también para la ciencia forense, que desde hace unos años se sirve de las pruebas de ADN como gran avance para probar la inocencia o culpabilidad de un sospechoso. De hecho, se ha popularizado tanto lo de nuestro identificador genético -gracias a series y telefilmes- que  casi todos sabemos que un simple pelo puede servir para delatar al criminal.

Siempre y cuando ese pelo conserve, claro, algo de raíz o no lleve mucho tiempo degradado, porque de lo contrario no podremos obtener esa pequeña muestra de ADN necesaria. Afortunadamente, siempre hay científicos curiosos que van un paso por delante y nos proponen que nuestra fauna microbiana pueden ser una forma de identificación personal.

Sobre todo para algún tipo de delito como son los de violencia sexual. En el estudio realizado, se pudo comprobar que el vello púbico cuenta con más cepas microbianas que el cabello de la cabeza y que estas cepas están personalizadas. Es decir, que cada uno cuenta con su particular ecosistema microbiano que puede identificarse en el laboratorio correspondiente. Además, el estudio indica que cuando se practica sexo, estos microbios se intercambian.

Dos elementos que, sin duda, pueden constituir un aliado de la policía cuando se trata de perseguir un crimen, especialmente si se trata de un delito de agresión sexual. A falta de ADN en condiciones, el camino podría ser la realización un estudio pormenorizado de la fauna microbiana en los pelos encontrados en el escenario de un crimen que nos ponga en la pista para detener al agresor.

Solo es cuestión de incorporar esta técnica en los protocolos al uso y dotar de más medios a los laboratorios de la policía científica.

Porque, a la hora de una investigación criminal, no solo es importante tomar nota de todo lo que vemos, sino mirar al interior de estos objetos en búsqueda de esos elementos que no saltan a la vista. Elemental, querido Watson.

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