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La victoria de Syriza en Grecia, más allá de las lecturas en clave política, resulta una prueba de fuego para todos los actores en liza: el nuevo Gobierno salido de las urnas y sus promesas de cambio, y las instituciones europeas y sus pretensiones de recuperar el dinero prestado. Una prueba de fuego sobre todo de su inteligencia. Aunque tampoco hay que tener un coeficiente intelectual muy alto para acudir a los manuales al uso y tirar de fórmulas que garantizan el éxito.

Aunque ya hemos comentado en estas páginas que de eso -inteligencia- no parecen muy sobrados nuestros dirigentes cuando se ponen a gobernar. Modestamente, la Ciencia puede ser de inestimable ayuda, y en el caso concreto de la crisis o terremoto griego, la solución no parece compleja si ponemos en práctica La Teoría de Juegos, en concreto el dilema del prisionero, una aportación a la economía del matemático John Forbes Nash.

De modo resumido, la conclusión es que la cooperación siempre resulta la estrategia más beneficiosa. El enunciado dice algo así: la Policía arresta a dos sospechosos por dos crímenes, uno leve y otro grave. Existen pruebas suficientes para condenarles por el primero, pero no por el segundo a menos que alguno confiese, y las penas de prisión aparejadas son de dos años de cárcel por el primero y ocho por el segundo.

Les proponen un trato. Si uno confiesa, solo será condenado a un año, mientras que el otro cumplirá diez años de prisión.  El dilema al que se enfrentan ambos es que no conocen las decisiones del adversario, por lo que si ambos delatan, quedará probado la participación de los dos en los crímenes y por lo tanto ambos serán juzgados por el delito más grave. Sus posibilidades se resumen en el siguiente cuadro:

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Obviamente, parece que la lealtad y la cooperación entre ambos sospechosos parece la opción más adecuada. Ambos pierden algo -pasarán en prisión dos años en lugar de uno-, pero esa lealtad les resulta más beneficiosa que enfrentarse al riesgo de un comportamiento egoísta.

Coloquemos como prisioneros de una parte al Gobierno griego y de la otra a los responsables de la UE y, como posibilidades, negociar o mantener sus posiciones maximalistas -cobrar la deuda a costa de asfixiar a la economía griega de tal modo que llegue un momento en que colapse, y por lo tanto no podrá pagar nada-, o no pagar la deuda con la UE, arriesgarse a que les echen del club y abrir la incertidumbre de quién les prestará dinero para poder recuperarse económicamente.

Parece también obvio que la mejor solución posible es olvidar las soluciones egoístas y adoptar una actitud de lealtad para con el contrario y negociar, teniendo en cuenta que cada jugador no gana nada modificando su estrategia mientras los otros mantengan las suyas. Eso dice el planteamiento y resolución del juego. Otra cosa es lo que los prisioneros quieran hacer.

Eduardo Costas y Enrique Leite

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