muerte

La estadística es un elemento fundamental en cualquier investigación científica. Ahora bien, en Ciencia no vale cualquier dato, depende del manejo y de las variables que se pongan en relación para que esa investigación en marcha arroje resultados que sean significativos. En cualquier caso, como tendencia o como moda, la estadística nos depara una gran variedad de curiosidades que, insistimos, no han de ser necesariamente científicas, pero que merecen la pena unas líneas.

Por ejemplo, si hay algo que nos inquieta a los humanos es predecir el momento de nuestra muerte. Supongo que es cuestión de morbo. El caso es que, como hay estadísticas al uso, es cuestión de ir recopilándolas para llegar a esta asombrosa curiosidad: el riesgo de morir el día de tu cumpleaños es de un 25% si tienes entre 20 y 39 años y cae en fin de semana, si atendemos a los cuadros estadísticos existentes. El registro de defunciones permite conocer con una gran exactitud el día y edad de los que fallecieron. Pero no hace falta ser científico para deducir que juntar fin de semana y cumpleaños es sinónimo de excesos, sobre todo con el alcohol. Y ya sabemos que esa combinación es peligrosa.

Pero en esta ocasión, lo del cumpleaños es anécdota, mientras que las otras dos relaciones sí pueden aportar hechos relevantes o científicos. Es decir, el riesgo de morir y la ingesta de alcohol. Cuando bebemos o ingerimos drogas, se produce un efecto inhibidor del riesgo, lo que nos hace más propensos a asumir mayores riesgos. Y ya sabemos que la asunción de riesgos puede tener como resultado la muerte.

Básicamente, el alcohol tiene una acción directa sobre las neuronas y modifica su estructura y sobre todo su función. Y eso se traduce en disminución del sentido del peligro, ralentización de los reflejos, cambios en la visión o pérdida de coordinación muscular, temblores y alucinaciones. Eso por no incidir en que cuando el alcohol llega a la sangre (entre 30 y 90 minutos después de ser ingerido) se produce una disminución de los los niveles de azúcar en la circulación sanguínea, lo que provoca una sensación de debilidad y agotamiento físico.

Pero no estábamos hablando del alcohol, sino de estadística. Así que cuidado con el manejo de los datos, que no todo son tablas y más tablas.

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