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El chicle ha tenido mala prensa en general hasta que empezaron a producirse sin azúcar o específicamente como elemento coadyuvante para mantener la higiene bucal. El imaginario popular llegó incluso a atribuirle propiedades nefastas, como un crecimiento desorbitado de las mandíbulas.

Respecto a lo último, por su puesto que se trata de un rumor urbano sin fundamento. Pero quedémonos en la primera parte. Al margen de otro tipo de investigaciones que avalan su uso para reducir la ansiedad o el estrés e incluso proteger la memoria, nos quedamos con otro estudio, realizado en los Países Bajos, que prueba sus efectos beneficiosos para la absorción de bacterias, sobre todo de aquellas que son responsables de las caries.

Y no es cuestión de química, es decir del sabor o las sustancias que se le añaden, sino de física; es decir, que las bacterias quedan atrapadas en la pasta pegajosa y se eliminan cuando nos deshacemos de él.

En total, el estudio asegura que más de 100 millones de bacterias quedan atrapadas en esa pasta viscosa que es la goma de mascar. Es decir, que masticando chicle quedan atrapadas en él. Esto supone que aproximadamente el 10% de las bacterias totales que hay en una boca normal.

Ahora bien, el efecto no es continuo y, a medida que se va masticando, va perdiendo su capacidad para atrapar bacterias. Los componentes de la saliva van deteriorando poco a poco los elastómeros sintéticos, el material del que está formado el chicle, y va perdiendo propiedades.

La mayoría de los chicles utilizan como base un tipo de plástico neutro, conocido como acetato de polivinilo o la goma de xantano. Originariamente, se utilizaba la savia de un árbol, el chiclero, para fabricar esa resina que se ponía en el paladar.

Aun así, aunque en función de la calidad, el chicle puede conservar sus propiedades más o menos, el estudio pone en diez minutos el tiempo que ha de permanecer en la boca hasta que empiece a deteriorarse. Los especialistas, no obstante, siguen recordando que siempre es mejor mascar chicle sin azúcar, ya que el azúcar es uno de los alimentos que hacen proliferar el número de bacterias.

Y por otra parte, cuidado con los peques, que se acostumbran a cambiar los chicles usados, ya que lo que hacen sin querer es traspasarse un número enorme de bacterias.

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