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La energía ni se crea ni se destruye. Se pierde. Y, si no, vean la cantidad de energía que se desperdicia en las fuentes termales. Un calor natural que emana de la Naturaleza y que en muchas ocasiones no podemos aprovechar. Pero hoy no vamos a escribir sobre fuentes alternativas energéticas, aunque no estaría mal, sino de energía.

Calentar las casas o los centros de trabajo supone un consumo enorme de energía, de ahí la importancia que tiene cualquier innovación en este campo. Casas inteligentes que sean capaces de reutilizar o almacenar la energía cuando más necesaria es, ese es el objetivo.

Y como casi siempre, las propuestas sencillas pueden resultar las más eficaces. Tradicionalmente, los arquitectos e ingenieros utilizan el agua caliente para esta labor de almacenamiento de energía térmica que podamos utilizar cuando nos convenga.

Problemas, uno y no menor: estos tanques ocupan mucho espacio. Si se consigue sustituir el agua por otro material, el asunto se puede solucionar. La parafina es la propuesta de un grupo de investigadores del País Vasco. El prototipo que han conseguido reduce a la mitad el sistema necesario.

Partimos de un principio: el empleo del calor latente en el cambio de sólido a líquido de determinados elementos. Cuando se funden, permiten almacenar una cantidad de energía muy grande.

Y eso ocurre con la parafina, al menos a escala de laboratorio. En la actualidad se fabrica un prototipo a tamaño real que se probará en un edifico real. Los datos obtenidos serán claves para saber si se produce ese ahorro. La patente está en camino.

Lo importante es que la carrera ha comenzado y se trabaja ya con otro tipo de material que permita aumentar la capacidad de almacenar energía a un coste más reducido.

Al final, va a resultar que pagar tan cara la luz haga que se agudice el ingenio para poder recortar en el recibo.

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