Record Guiness pelo oreja más largo

El paso de la edad va dejando huellas que nos delatan. Unos rastros que quizá son más ostensibles en la población masculina que en la fenemina, quiza por el poco cuidado corporal, en general, del que hacen -o hacían- gala los varones.

Y no nos referimos a la evidente pérdida de cobertura capilar en la testa o al acartonamiento de la piel, a las arrugas, sino a algo menor, pero igualmente antiestético: el aumento de la cabellera en las orejas o en la nariz.

Unos pelos duros y fuertes que, acusadores, manifiestan que su poseedor ya va entrando en años. Un fenómeno curioso que afecta de manera especial a los hombres y no a las mujeres y que tienen su origen en una hormona: la testosterona.

Ciertamente, el asunto no se ha podido probar de manera científica, pero existen indicios de que cuando el varón alcanza su madurez, los folículos pilosos de determinadas partes del cuerpo, nariz, orejas, entrecejos o espalda, se vuelven más sensibles a esta hormona y se desarrollan.

Pero, poco a poco, de sobra es conocido que la testosterona es la hormona del sexo y que ambos sexos la producen, pero tiene otras funciones que tienen que ver con el pelo, sobre todo cuando se junta con el DHT (dihidrotestosterona). Durante la pubertad, su acción estimula el crecimiento del pelo en cara, pubis o axilas. Más tarde pueden ser las responsables de que se rompan los folículos, en este caso del cuero cabelludo, y adiós a la melena.

Pues del mismo modo que ocurre en la pubertad, cuando avanzamos en la edad adulta, el comportamiento de la testosterona en el vello de orejas o nariz es similar al que tiene en la pubertad con la cara, y de ahí que aparezca ese antiestético pelo del que nos ocupamos. De hecho, más del 70% de los varones adultos lo poseen.

Si les sirve de consuelo, hay quien dice que estos adornos capilares, sobre todo los de las orejas, actúan como repelente y evitan que los insectos se acerquen a esta parte de la anatomía masculina.

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