Caducidad medicinas

Los seres humanos somos realmente curiosos. En las consultas de Enfermería nos topamos con casos de todo tipo y nos enfrentamos con preguntas de toda naturaleza, desde las más inteligentes y mordaces a las más comunes o de andar por casa, que el simple sentido común podría contestar. Eso por no hablar de aquellos pacientes que con sana curiosidad por saber pero ninguna por escuchar repiten una y otra vez la misma cuestión. Seguro que lo hacen con buena voluntad y con la sana intención de entrenar nuestra capacidad de aguante o paciencia.

El caso, y en eso me detengo en estas líneas, que de cuando en cuando, en ese afán de leer hasta la última letra del prospecto y envase de las medicinas, hay pacientes que te preguntan por la fecha de caducidad de los medicamentos. Y suspicaces ellos y aficionados a coleccionar medicamentos en sus anaqueles les asalta la duda y te espetan: “Aquí pone que caducó en 2011, pero ¿pasa algo si me lo tomo ?”

Bueno, pues para ellos vayan estas consideraciones. En primer lugar lo que la ley dice que debe poner en cualquier etiqueta es el momento en que la medicina mantiene la composición y actividad de su principio activo al 100%; es decir, no es una etiqueta de “si te lo tomas después de esta fecha te morirás”, sino más bien de que si te lo tomas en fechas posteriores el producto ha perdido las condiciones de partida.

El hecho de ponerle la fecha de caducidad tiene más que ver con que el Estado no puede controlar la totalidad de medicamentos que circulan en el mercado ni testar si están en las condiciones óptimas. Por ello, para lavarse las manos, obliga a los fabricantes a poner la fecha de marras, y así, ante cualquier reclamación, toda la responsabilidad recae en el laboratorio que lo fabrica.

Aun así, lo mejor es no tentar a la suerte y que todos los medicamentos se consuman antes de que empiecen a perder las propiedades para las que están indicados.

Por cierto, a los acaparadores, un consejo:  Desconfié de cualquier medicamento cuya textura, color u aspecto haya cambiado. El baño es el peor lugar para guardar cualquier pastilla por muy bien envuelta que venga. Las condiciones de humedad y temperatura son peores que en cualquier otra estancia de la casa.La cocina tampoco es la mejor opción sus múltiples aparatos eléctricos son fuente de calor.Lo ideal es buscar un huequecillo en la casa fresco, seco y con poca luz solar. Es lo mejor para mantener cualquiera de esas pócimas mágicas que guardamos como un tesoro en sus mejores condiciones.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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