Candy Crush

La casualidad, la suerte y, por qué no, la prensa están detrás de las mejores campañas de marketing con las que sorprenden de cuando en cuando los fabricantes de determinados productos.

Una pillada a una conocida política española jugando con su ordenador en mitad de su trabajo es un ejemplo de ello. Aunque ciertamente, a los creadores del Candy Crush no les hacía faltan ningún empujón, porque el jueguecito de marras representa un éxito arrollador.

Desde mi naturaleza retorcida, lo que me cuestiono es por qué este y no otros juegos es el que goza de las preferencias del público. Y todo tiene que ver con los mecanismos de respuesta cerebrales al placer, que en el fondo tienen que ver con las adicciones.

En primer lugar, comencemos por el envoltorio, que también tiene su aquel. El juego es para todos los públicos porque… ¿a quién le amarga un dulce? Esa apariencia neutra le otorga ese calificativo de “apto para todos” -mujeres, hombres o pequeños-. No se trata de un juego invasivo, a juicio de los psicólogos.

Además, el objeto en cuestión se presta a adornar la pantalla con multitud de formas y colores, y ya sabemos que esta variedad supone un atractivo añadido y provoca un efecto llamada para que nos quedemos colgados frente a la pantalla.

Pero, sin duda, su éxito radica en la mezcla de dos elementos: el mecanismo de recompensa -saltar al siguiente nivel- se activa pronto; es decir, no resulta difícil dar el salto, está a  nuestro alcance de manera relativamente sencilla. Y por otro lado, genera ansiedad -nos obliga a esperar un tiempo cuando se nos acaban las vidas-.

Y esa combinación -recompensa al alcance y ansiedad porque se nos acaba el tiempo- resulta letal, ya que son dos de los componentes que lo vuelven adictivo. La recompensa es sinónimo de placer y, ya saben, se activan los mecanismos neuronales de producción de oxitocina, la hormona del placer.

Los mecanismos de la adicción en general han sido objeto de numerosos estudios científicos y, sin duda, pueden ser una buena guía para los desarrolladores de juegos. Afortunada o desgraciadamente, la fórmula del éxito -adicción- no es tan fácil, de lo contrario seríamos carne de cañón de cualquier desalmado… ¿O ya lo somos?

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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