cannabis hambre

Foto de Giandomenico Jardella

Allá por el Pleistoceno, cuando deambulaba en la adolescencia, siempre me asombraba que, reunidos en grupo tribal de rebeldía y emulando a los hippies, el consumo de marihuana acababa derivando en una bacanal gastronómica sin precedentes. Vamos, que tras fumarnos unos porros -que uno también tiene su pasado inconfensable-, nos entraba un hambre de leones.

El asunto, el de los porros y sus derivadas, pasó rápidamente a un segundo plano y cayó en el saco del olvido hasta que me topé con un estudio que ha puesto algo de luz en tan curioso asunto. La explicación tiene que ver con el funcionamiento de las neuronas, como ocurre en numerosas pautas de nuestro comportamiento.

Ya sabemos que estás células cerebrales actúan como llaves de paso y que están en continua relación unas con otras, y estudios en ratones han probado que los receptores del cannabis, al activarse, lo que hacen es variar el funcionamiento de otras neuronas. En concreto, cierran la llave de paso a aquellas que controlan la sensación de saciedad. Y claro, si estas no ejercen su capacidad de control, el resultado es que nos entra un hambre feroz, porque no frenan la sensación de apetito.

Resuelto el misterio, algunos comentaran que “otro gran paso de la ciencia para explicar conductas, pero que no nos lleva a ninguna parte’. Y se equivocan, porque desentrañar esos mecanismos puede resultar un arma eficaz para tratar uno de los problemas actuales: los trastornos de la conducta alimentaria. Tanto por exceso, las ansias de los obesos, como por defecto, el que nos puede llevar a padecer anorexia.

Pero no se me vengan arriba, que ya nos conocemos. Que no se trata de que si queremos ganar unos kilos le den al canuto de manera incontrolada o que elimine de sus hábitos el cannabis si quiere adelgazar. El estudio de referencia lo que hace es abrir un interesante campo de investigación sobre la manera en que tienen de comunicarse las neuronas, lo que permitirá ir desentrañando el complejo mapa de nuestro cerebro.

Como otras veces ocurre en la ciencia, el descubrimiento se realizó por casualidad, mientras se trabajaba en otra línea de investigación, y los resultados abren una serie de interrogantes que habrá que contestar antes de sacar conclusiones absolutas a favor o en contra del cannabis.

Pero eso, el del cannabis, es otro debate.

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