corazón calidad de vida

La televisión y los ordenadores se han convertido en el mantra negativo del mundo moderno en lo tocante a los malos hábitos que estamos adoptando los humanos. Desde luego, su irrupción en nuestras vidas y hogares ha supuesto un cambio radical en el modo de organizar el ocio y quién sabe si un cambio evolutivo a corto plazo en nuestra especie.

Sin duda, eso nadie lo discute, la diferencia entre estar sentado en un sofá y en la calle haciendo ejercicio tiene consecuencias. La más evidente, que el sedentarismo fomenta la obesidad -sin entrar en las hambres o ansiedades que puede provocar ver nuestro programa favorito– y eso, siendo malo a nivel general, resulta especialmente perjudicial cuando hablamos de los más pequeños.

El último estudio realizado sobre este asunto subraya que esos pequeños vagos que solo ejercitan el pulgar del zapping -habría que repartir la culpa entre padres, educadores y los propios niños- duplican sus posibilidades de padecer obesidad. Y siendo eso ya un problema, no lo es menos el derivado de esta enfermedad: la hipertensión.

Ya sabemos que el corazón marcará nuestra calidad de vida a lo largo de toda nuestra existencia. Por ello, cualquier recomendación que se haga al respecto, por muy manida que resulte, siempre será bien recibida. Los autores de esa investigación afirman que los niños europeos resultan especialmente vulnerables y que dos horas diarias de consumo televisivo -o de práctica de juegos en el ordenador- dejarán en los pequeños una huella de por vida.

Y la hipertensión es la antesala de que al cabo de los años surjan problemas cardiovasculares, como por ejemplo la enfermedad isquémica del corazón. La solución está en nuestra mano: algo tan sencillo como compatibilizar una práctica que no vamos a erradicar con la realización de ejercicio físico; es decir, juegos que impliquen levantar los ojos de la pantalla e interactuar.

La fórmula que proponen los investigadores es sencilla: frente a las dos horas de consumo televisivo, 60 minutos de algo tan saludable como salir a la calle a correr, practicar algún deporte o sencillamente montar en bicicleta. Mover el corazón, como decía una campaña publicitaria de finales de los 70, es mover la vida.

Hacer ejercicio es el más potente vasodilatador que conocemos y si bombeamos oxígeno, se disminuye la presión arterial. Ya saben, un corazón sano es una garantía de vida.

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