Clerigo saudi

Religión y Ciencia no resultan siempre un binomio compatible. En la mayoría de los casos, porque lo relativo y dinámico del saber y del conocimiento se enfrenta al inmovilismo del dogma y la fe.

Aun así, desde los despachos de la fe se van moderando algunas afirmaciones categóricas y se van haciendo permeables a los avances científicos -a la fuerza ahorcan dice el refrán- y los dogmas se acomodan a la propia evolución del conocimiento.

Los contextos históricos marcan sin duda la interpretación del mundo y visto con perspectiva, hasta se podrían entender ciertas resistencias que partieron en su momento desde los púlpitos, aunque esa comprensión nunca podrá justificar determinadas atrocidades cometidas en nombre de la religión.

El caso Galileo y el de Bruno son suficientemente ilustrativos. Aunque a favor de la religión -la católica al menos- juega el que han sido capaces de pedir perdón por sus actos, aunque este arrepentiemiento llegue con 500 años de retraso.

Otros, en cambio, contumaces, siguen empeñados en perseverar en ello. Es el caso del clérigo saudí Sheij Bandar al Jaibari, quien sigue sosteniendo que la Tierra no se mueve, que está quieta. ¡Y lo dijo con una absoluta naturalidad hace unos días! Pero el problema no es la afirmación en sí, ya que el mundo está lleno de ignorantes, sino que intenten imponer su visión del mundo basándose en teóricos documentos religiosos para imponer el dogma, una vez más, a la razón.

Y lo realmente triste es que, más allá de la oleada de burlas y bromas en las redes sociales, no ha pasado nada. Él sigue adoctrinando a quien le quiera oír sin que lo hayan apartado de su magisterio. Y luego nos asombramos de que pase lo que pase.

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