siesta y memoria

Foto de acido nucleico.

Parece que dejamos atrás los rigores del invierno y como que nos apetece más ahora, con la subida de las temperaturas, eso de echar una cabezadita después de comer. Si había un sinfín de argumentos a favor de la siesta, súmenle uno nuevo: la siesta nos hará tener una memoria de elefante.

Un reciente estudio pone de manifiesto que dormir la siesta, además de antiestresante y de favorecer el sistema cardiovascular, acelera la consolidación de la memoria a largo plazo. Un parón cerebral a mediodía ayuda a fijar el conocimiento y hace que nuestra retentiva sea mayor.

En el estudio se pone de manifiesto que los escolares que hacen un alto en el camino después de comer retienen mucho mejor los conocimientos aprendidos en la dura jornada matinal que aquellos pequeños que se mantienen despiertos a lo largo de todo el día y descansan solamente durante la noche.

En lo que no se ponen de acuerdo los investigadores es en el tiempo necesario que precisan nuestras neuronas para ir fijando ese conocimiento aprendido; pero, en cualquier caso, la siesta debe prolongarse durante algo más de treinta minutos para que lleguemos al estado de sueño profundo.

Ya ven, mucho ojito con recriminar y tildar de vagos a aquellos que se encuentre haciendo un alto en el camino de la jornada diurna. No solo están preparando su cuerpo para no sufrir del corazón, en el fondo están fijando todo lo aprendido.

Por cierto, que hay quien recomienda que, puestos a dormirla, lo mejor es hacerlo en una hamaca o mecedora, que el balanceo no solo nos hace dormir más rápido, sino que facilita el alcanzar esa situación ideal de sueño profundo.

Yo, por si acaso, perdonen que me levante, pero me están entrando unas irresistibles ganas de no perder todo lo aprendido hasta ahora. Felices sueños.

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