cerebro

Foto de Allan Ajifo.

El cerebro, el disco duro de las especies, es uno de los órganos que marcan la diferencia entre los seres que poblamos la Tierra. En función de su evolución, entre otras habilidades, desarrollaremos nuestro grado de inteligencia.

Por otra parte, ya hemos comentado en alguna ocasión que durante el paso de una generación a otra, se producen una serie de mutaciones espontáneas en nuestros genes que hacen que no seamos totalmente idénticos a nuestros predecesores. En la  mayoría de ellas, estas mutaciones son absolutamente inocuas y, ni ponen en peligro nuestras características como Homo sapiens ni suponen un salto evolutivo. Son mutaciones fruto del azar y responden a la transmisión de genes defectuosos.

Vayamos a un tercer elemento. El neocórtex rugoso, el área donde se desarrolla la percepción sensorial, la actividad motora, el pensamiento consciente y el lenguaje, es un elemento diferencial entre humanos y primates, por tomar como referencia a nuestros primos en la cadena evolutiva.

Pero, siempre hay un pero, existen mutaciones que sí provocan ese salto evolutivo. Hace unos años, unos científicos identificaron a un gen único en nuestra especie, el ARHGAP11B. Los primates no lo tienen.

Ahora, otra investigación afirma que este gen se generó como producto de una duplicación defectuosa de otro y cuyo resultado fue la separación de ambos linajes -primates y humanos- y que, gracias a él, nuestro neocórtex comenzó a ofrecer diferencias morfológicas sobre el de ellos.

Sus conclusiones indican que ARHGAP11B pudiera tener un papel fundamental en el desarrollo neuronal de nuestro cerebro y su expansión.

Y para probarlo acudieron a la experimentación animal. Insertando este gen en ratones en fase de embrión, comprobaron cómo los roedores sufrían cambios en el desarrollo de su cerebro y sus neuronas.

La superficie de su neocórtex comenzó a arrugarse y, con ella, el número de neuronas que albergaban, ya que según los resultados del trabajo, el plegado del neocórtex es una estrategia diseñada por la evolución para albergar más neuronas en un tamaño relativamente compacto.

De momento, la investigación representa una prueba de los caminos de la evolución. Lo que no cuentan es si el resultado final del trabajo dará como resultado el desarrollo de una nueva superespecie de ratones con mayores capacidades y si en esta ocasión el azar en forma de científico ha provocado un nuevo salto evolutivo.

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