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Foto de Agustín Ruiz.

A veces, en el fragor de una fiesta una celebración o, simplemente, cuando nos quedamos solos o aislados, comprobamos lo inútiles que somos los urbanitas y qué poco preparados estamos para enfrentarnos a una vida sin comodidades ni electrodomésticos.

Tanto, que nos asombramos por cómo se las deberían de ingeniar nuestros antepasados para poder sobrevivir en medio de una naturaleza hostil y sin algo tan básico a mano como un interruptor de la luz o de un simple abrebotellas.

Es entonces cuando me doy cuenta de lo mal enfocados que están los estudios de Ciencia en las primeras etapas del cole y qué poco aprendemos realmente. En particular, la Física, una disciplina dura donde las haya y que plagó nuestros recuerdos de pesadillas en forma de memorizar leyes y teorías de lo más variado.

Pero en la Física se encierran muchos de los secretos de la vida y también nos ofrece multitud de pistas para hacérnosla más fácil. Y allá, vamos: ¿quién no se ha topado alguna vez con el problema de tener sed, una cerveza a mano y ¡maldición!… Ningún abrebotellas a la vista.

Pues con un simple cálculo de fuerza y con una palanca encontramos la solución. Si no quieres dejarte los dientes en la chapa, prueba a doblar una hoja de papel hasta que te resulte imposible seguir haciéndolo. El resto es fácil, utiliza tu mano como eje de la palanca, el papel como palanca y haz fuerza sobre la chapa.

Fácil y al alcance de cualquier inteligencia. Seguro que si nos hubieran explicado así las aplicaciones de la ley de la palanca, nos hubiera entrado mejor la clase… ¿no?

 https://youtu.be/EfUM3-3KvIs

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