vitíligo

Algunas firmas comerciales se empeñan en crear señas de identidad resaltando la diferencia. En principio, nada que objetar ya que, perteneciendo a una misma especie, los individuos de nuestra especie -también las de otras- tenemos marcadas diferencias corporales que nos distinguen a unos de otros.

Afortunadamente, no estamos fabricados en serie. Y este hecho nos debiera hacer reflexionar que la marginación por marcar elementos poco comunes no es el camino. Pero hoy no vamos a hablar de los problemas de la comunidad afroamericana en Estados Unidos o del drama que sufren los albinos en algunos pueblos africanos, sino más bien resaltar algunos elementos que pudieran ser positivos.

Volvamos a la pasarela. A veces el revuelo que forman determinadas campañas publicitarias resulta un valioso elemento para hacer visibles determinadas enfermedades. Esto está pasando con la modelo Melanie Gaydos, que padece una enfermedad genética que le impide desarrollar pelo, dientes y piel. A pesar de esta imperfección, la top model está conquistando poco a poco el mundo de la moda.

O de Winnie Harlow, quien también camina y posa ante los fotógrafos sin complejos, enseñando al mundo lo que es el vitíligo, una de tantas enfermedades que afectan a la pigmentación de la piel.

Las zonas más blancas, que suelen proliferar en extremidades y cerca de los orificios corporales, son provocadas por la ausencia de melanocitos, las células productoras de melanina que son las responsables de dar color a nuestra piel, así como las encargadas de proteger la epidermis de las temibles agresiones solares.

No se puede calificar como una enfermedad genética, aunque sí presenta determinados factores hereditarios y, sobre todo, se produce por un fallo del sistema autoinmune y del sistema nervioso central.

El vitíligo puede aparecer a cualquier edad. La enfermedad surge cuando el sistema inmunitario se equivoca y ataca algunas partes del cuerpo. Con el vitíligo, el sistema inmunitario puede destruir los melanocitos de la piel. También es posible que uno o más genes aumenten la probabilidad de que una persona padezca la enfermedad, aunque no se ha determinado con claridad.

Algunos estudios apuntan a que los melanocitos se destruyen a sí mismos. Otros creen que una situación de estrés -física, como una quemadura solar, o emocional- puede estar detrás del desarrollo de la enfermedad. Sin embargo, aun no se han demostrado con certeza sus causas.

Desgraciadamente, no tiene cura por el momento, solo hay tratamientos parciales con resultados satisfactorios y, como casi siempre, eso se debe al desigual reparto de los fondos de investigación. Pero claro, eso, la falta de fondos para investigar, es otro cantar.

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