campos-magneticos-pajaros

Foto de János Balázs.

La Naturaleza nos ha dotado a cada especie con elementos diferenciales para adaptarnos a las condiciones del medio donde nos desenvolvemos. Así, desarrollamos nuestros sentidos orientándolos a ese bien superior, que no es otro que mantenernos vivo y a salvo de los depredadores.

Nosotros, los humanos, contamos con la ventaja de la observación y de la inteligencia. Esa observación paciente y minuciosa nos ha hecho descubrir precisamente esos elementos diferenciales y la inteligencia nos permite desarrollar técnicas o tecnologías para igualar nuestras capacidades a la de otros animales. 

En este sentido, un elemento con el que no estamos dotados es la capacidad de orientarnos a través de la detección de los campos magnéticos. Una carencia, que gracias al trabajo en los laboratorios, en breve vamos a ser capaz de suplir.  

Y todo gracias a un sensor magnético que, instalado en la piel, podría dotarnos de un nuevo sentido y mejorar nuestra capacidad de desplazarnos libremente por el planeta.

El aparato se ha desarrollado  conjuntamente entre el Instituto alemán Leibniz de Investigación y las universidades de Tokio y Osaka, en Japón. Y debidamente colocado en nuestra piel, nos hará emular a aves y otros animales que pueden detectar la presencia de los campos magnéticos para guiarnos a través de ellos en las largas distancias. Una especie de sexto sentido que nos igualará a estas especies.

El sensor es muy, muy pequeño, apenas tiene un grosor de dos micrómetros y un peso de unos tres gramos por metro cuadrado -se supone que se superpondrá a nuestra piel-.

“Los sensores pueden detectar cualquier tipo de movimiento, de tal forma que son capaces de monitorear la actividad muscular y, particularmente, la del corazón. Lo más destacado, sin embargo, es que nos dan una sensación adicional que está fuera de los cinco sentidos que tenemos”, señaĺa Denys Makarov, jefe de la investigación.

El material del que está hecho es lo suficientemente dúctil como para que pueda doblarse o arrugarse sin que se vean afectadas sus propiedades. Es decir, se convierte en una auténtica segunda piel que se adapta a todos los contornos y que nos conferirá esa especial habilidad.

Anuncios